• jueves 01 de septiembre de 2011 - 12:00 AM

No a Gomorra

En un mar de complicidades, los diputados obstaculizaron la investigación de uno de sus colegas, magnate además, sobre quien existen den...

En un mar de complicidades, los diputados obstaculizaron la investigación de uno de sus colegas, magnate además, sobre quien existen denuncias de enriquecimiento ilícito. Un dirigente político abrigó la consigna de extirpar la idea de que los letones –que ocupan una de las naciones a orillas del mar Báltico- integran un pueblo de codiciosos.

La convocatoria del referendo sucedió cuando las defensas bálticas están bajas por la crisis económica. El índice de desempleo se ha situado en Letonia en el 20 por ciento.

En la India, la protesta de un activista gandhiano, Anna Hazare, ha obligado al parlamento a endurecer los términos de un proyecto de ley anticorrupción. Es un país donde para acceder a los servicios públicos básicos el ciudadano debe pagar coima.

La presidenta Dilma, de Brasil, limpia su gabinete, gracias a las rutas de la corrupción de ministros y funcionarios ofrecidas por los medios de comunicación masiva. El presidente Santos, de Colombia, se pone al frente para respaldar la nueva ley anticorrupción.

En la lucha anticorrupción, el presidente Martinelli muestra una especial anorexia, a diferencia de materias como el transporte urbano, la adquisición costosísima de las autopistas llamadas corredores y obras de infraestructura.

Con la defenestración como canciller del vicepresidente Varela y el fin de la alianza oficialista, corresponde al Partido Panameñista y a su dirigencia tomar de bandera la lucha anticorrupción.

Varela y los hoy exministros Vallarino y Dubois deben poseer información suficiente para afrontar la cleptomanía oficial que destruye el bien común y que está simbolizada en la suspendida transacción de la ANATI sobre el globo de terreno localizado a orillas del delta del río Matasnillo.

Los diarios, sobre todo, se han quedado solos en la lucha anticorrupción. Los políticos, los empresarios y las distintas organizaciones han hecho mutis, salvo honrosas excepciones.

Si la codicia es la que se va a imponer, sin justicia ni ley, el destino de Panamá será el despeñadero moral, económico y social. La corrupción no implica cambio, sino atraso, e impide la necesaria movilidad social, obligante en una nación que es campeona mundial de inequidad y en la que, a la par de rascacielos y multimillonarios, conviven personas, en más de un millón, en condiciones infrahumanas.

Ante el nuevo cuadro político, el Partido Panameñista puede ser el abanderado de la lucha anticorrupción y frenar la alegre cabalgata de un sector de la clase política y del empresariado hacia la ruta de Gomorra.

EL AUTOR ES FILÓLOGO Y PERIODISTA.

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