- sábado 21 de julio de 2012 - 12:00 AM
La maldad y la bondad del hombre
Hay hombres que no han comprendido cuál es su verdadera identidad, pero existen varias clases de hombres: los orgullosos, prepotentes, envidiosos, falsos, arrogantes, vanidosos, hipócritas, traidores, materialistas, insensibles, crueles, vagos, mentirosos, machistas y cobardes. Mientras otros son: sabios, creyentes de Dios, honestos, inteligentes, prudentes, valientes, justos, patriotas, equilibrados, buenos padres de familia y otros hombres que son padres y madres a la vez, disciplinados, con dominio propio, respetuosos de la mujer, que valoran la palabra comprometida, exitosos, hombres con experiencias, íntegros, sencillos de corazón, trabajadores y vencedores.
Yo creo que si hay hombres que siguen siendo victoriosos, es porque conservan su humildad, cuidan celosamente la trayectoria que se han ganado con esfuerzo en esta vida; hombres que conocen que el secreto del éxito está en la buena comunicación y su relación con Dios y su prójimo, hombres que creen en sus ideales y que siembran la buena semilla. De los hombres envidiosos e inclinados siempre hacia la maldad y traición hay que cuidarse, en ellos no existe la esperanza para una familia feliz y un país socialmente progresista. En realidad son hombres que no desean alcanzar la grandeza y las bendiciones de Dios, lo único que les interesa es la apariencia del éxito y figurar en su medio como el gran poderoso. Los hombres vanos y públicos son figuras que se engañan con los aplausos y adulaciones de un público conforme, temeroso e hipócrita, que simplemente le celebra sus actuaciones por los intereses adquiridos.
Por otra parte, están los hombres orgullosos que son totalmente diferentes, porque juran con toda la seriedad del caso que han triunfado ya sea en los negocios, la política, la música, las artes, también en la paz, la guerra y el amor por sí mismos y no le deben nada a nadie, ellos son autosuficientes e independientes. Estos hombres no conocen la humildad, la sencillez, ni recuerdan los momentos difíciles; se vanaglorian aunque hagan suyas las victorias de otros, se alimentan de los recuerdos sean buenos o malos, lo importante para ellos es usarlos como ejemplos para justificar sus actuaciones.
Si un hombre público e importante cree que es un gran hombre porque alcanzó la altura del éxito y es aclamado por multitudes, lo más probable es que muy pronto estará en inminente peligro de caer. Cuando se está en altas posiciones es cuando más son observados por todos y si no actúan sabiamente serán olvidados por su indiferencia al pueblo. Sea como sea, los hombres son hechuras de Dios, necesarios en este mundo.
* DOCENTE UNIVERSITARIA