• lunes 27 de enero de 2025 - 10:30 AM

La Voz de la Libertad, otro aporte para recuperar la democracia

Hoy Kurt Muse puede narrar con libertad lo que hizo por la patria donde no nació, pero que ama como si lo fuera

Ayer estuve en el cine. Fui invitado por mi hijo mayor Alfredo Felipe Hernández Patiño. A la cita histórica se unieron mi esposa María Teresa Patiño Amor, Alejando Alirio Hernández Patiño, su esposa Pilar Santiago y la suegra de este, Teresa de Santiago. Los temas de la Patria me los conozco casi todos y más los vividos con los militares. A nuestros tres hijos les narramos, cada vez que podíamos, los hechos relacionados con la invasión. A ellos no les pueden echar cuentos y cuando encuentran algo relacionado con esos sucesos de una vez nos ponen al corriente. Y eso es lo que debieron o tienen que hacer los padres... contar al desnudo lo que pasó en Panamá desde 1903.

El documental “La Voz de la Libertad” nos ofrece un capítulo donde siete jinetes se juegan la vida por sacar del corazón de los militares honestos esos latidos por la Patria. Dentro de ese grupo de temerarios surge la figura de Kurt Muse. Este personaje es hijo de norteamericanos que viajaron desde Cuba a ocuparse de responsabilidades en Panamá. Tan pronto llegaron a suelo istmeño el padre de Muse quedó, al instante, enamorado de este país. Kurt Muse habla un perfecto español y a medida que crecía no podía creer lo que veía. Los militares, y más en los tiempos de Noriega, no les importaba con la vida de los ciudadanos.

Había que hacer algo para acabar con la tiranía. Una forma efectiva era a través de las transmisiones de radio. En esta aventura le acompañaron Alberto Michineau, Stavros Costarangos, José Morales, Tito Mouynes, Alfredo Fonseca Mora y Aquilino Saint Malo. Todos están vivos y desde aquellos tiempos forman una especie de logia al estilo de los Templarios o Mosqueteros. Armaron una radio clandestina que se movía de sede. Más o menos el mismo experimento de aquella radio Tembleque, de la cual se dice fue la primera en Panamá en la década del 30. Lo más significativo de esto fue cuando interferían las comunicaciones de los radios de los militares. Allí aprovechaban para enviar mensajes cívicos y morales a quienes formaban parte de las mal llamadas fuerzas de defensa. Su trabajo, con la voz de Bosco Ricardo Vallarino, que no lo mencionan en el reportaje, comenzó a incomodar a Noriega. Tan es así que contrataron a un extranjero para que diera con el sitio de la señal, pero el trabajo era difícil debido a que el equipo se movía a cada rato.

El documental deja entrever cómo dieron con Kurt Muse, pero en esta parte siento que hay más dudas que verdad. El mismo Muse no puede asegurar tal afirmación. Lo cierto es que lo detienen unos días antes de las elecciones de mayo de 1989. Este y otros acontecimientos provocaron que el resto del grupo buscara refugio en una base militar donde después fueron trasladados a Estados Unidos. A pesar de las torturas, a las que fue sometido, se echó toda la culpa para no inmiscuir a los otros seis colaboradores. En una parte del trabajo periodístico dice que ya estaba quebrado por los torturadores y rogaba a Dios le diera fuerzas para no revelar detalles. Una hija de Muse le envió una carta al presidente Bush sobre la condición de su padre. En la invasión se preparó un equipo élite cuya misión principal fue llegar a la cárcel Modelo y liberar a Kurt Muse. Así lo hicieron, pese a que en el intento el helicóptero donde lo llevaban fue derribado por los ataques de los panameños. Hoy Muse puede narrar con libertad lo que hizo por la patria donde no nació, pero que ama como si lo fuera. Felicito a los creadores y realizadores.

A los padres que me leen, por favor lleven a sus hijos al cine para que sean testigos de los sucesos que mancharon de sangre el uniforme de quienes tenían como misión proteger y servir a la Patria. Doy fe de casi todos los sucesos de este reportaje. Cubrí los hechos como corresponsal de La Voz de los Estados Unidos de América. Bien haría el gobierno en condecorar a estos héroes. Abrazos y que Dios nos bendiga.