- jueves 22 de marzo de 2012 - 12:00 AM
Falta de agua= debacle humana
La UNESCO proclamó que del año 2005 al 2015 sería el Decenio Internacional para la Acción de Protección del Agua bajo el tema Agua y Cultura y para el 2012, el énfasis en el Agua y Seguridad Alimentaria.
Para promover la toma de conciencia sobre la importancia de los recursos hídricos, en el año 1992, mediante la Resolución 47/193, las Naciones Unidas adoptaron el 22 de marzo como el Día Mundial del Agua.
Al igual que el aire, el agua es un recurso natural indispensable para la vida en el planeta. No debe ser una mercancía que pueda venderse al mejor postor. El agua cubre el 75 por ciento del planeta y aunque la mayor parte no está disponible para el consumo por encontrarse en los mares, los océanos y los casquetes polares, no justifica que la reducida cantidad que es dulce tenga que administrarse como un bien privado para preservarla en el tiempo, como lo han recomendado el Banco Mundial y empresas trasnacionales.
La aplicación de esa idea profundizaría mayores conflictos sociales por la tenencia del recurso e incrementaría la división de clases, al tiempo que violaría los preceptos internacionales que le delegan al Estado el cuido y administración del agua.
No la podría adquirir ni la cuarta parte de la población mundial, que en estos momentos se les hace posible consumirla, ni otros tantos millones de individuos que dependen de un salario mínimo para subsistir, realidad de la cual no escapa Panamá.
Son situaciones que deben alertar a nuestros dirigentes y gobernantes, con el fin de evitar hacerse eco de su privatización, con lo cual sería tratada como un producto para obtener altos dividendos económicos.
La ausencia de servicios de electricidad, teléfono, transporte, televisión por cable, Internet, etc., no ocasionan la muerte. De hecho, y aunque pueda ser inimaginable para las nuevas generaciones, alguna vez el hombre vivió sin todo esto. Y vivió bien. Pero la carencia de agua es el origen de la debacle humana, bien por el accionar instintivo e irracional del hombre para obtener el recurso, calmar la sed y cubrir necesidades básicas o por la serie de epidemias que se producirían a causa de la insalubridad.
En este sentido, privatizar el agua es igual que privatizar el aire, constituiría un detonante que modificaría todos los hábitats acuáticos.
El Estado, conjuntamente con la comunidad organizada y sector privado, debe y puede demostrar que con el desarrollo de programas formales e informales de educación ambiental se puede corregir el derroche del agua, para hacer frente a estos nuevos desafíos, y lograr que todos y cada uno de los habitantes la usen de manera sustentable y puedan disfrutarla hoy y mañana todos los seres vivos del planeta.
EL AUTOR ES ECOLOGISTA.