• jueves 05 de octubre de 2023 - 12:00 AM

Abajo el cínico

El cínico del patio es un embaucador profesional

Compatriotas los hay de toda laya. Una legión es experta en torcer el significado de las cosas. Se lanzan a vociferar que defienden la democracia cuando, en realidad, la arquean para enlodarla en la corrupción y en la impunidad.

Sus apetitos los conducen a pensar, y hasta exteriorizar que la democracia es hermana de corrupción, y que, para garantizar la primera, es preciso revolcarse en la segunda.

Debe entenderse, según esa vagabundería demagógica,  que el sistema republicano, en el que los arropamos hace dos siglos,  posibilita, junto a la corrupción y la impunidad, la dinastía.

La república es un instrumento para afrontar la monarquía, y sobre todo aquella absoluta, como aquella que sufrieron muchas naciones europeas, y aún la soportan no pocas sociedades. Dinastía y monarquía van de la mano. La palabra dinastía proviene del griego para representar una secuencia de gobernantes de una familia. Como lo vemos en muchas monarquías europeas, aunque decorativas (reinos británico, noruego y español).

La república es la forma gobernar en la que el pueblo tiene la soberanía y elige a sus representantes. No es pone en subasta un botín. Y busca con entidades de control sujetarlo sus acciones para que no se desboque en esa representación. República significa cosa oficial, cosa pública. No piñata ni para amiguetes ni para fraguar dinastía. Nuestra república está fundamentada en el “imperio de la ley” y no en el “imperio de personas. Crucial que el Órgano Judicial funcione sin ataduras, sin complejos y sin las presiones emanadas del poder político.

El cínico del patio es un embaucador profesional, al que no le importa torcer los conceptos, con descaro y deshonestidad, porque siempre algo queda, y se sostiene en las deformaciones culturales de una parte de la población. En esta época de infodemia una legión de personas no está interesada en conocer la verdad. Y sienten que el engaño les garantiza bienestar.