Curiosidades

El viejo verde y la gringuita

El viejo verde y la gringuita

sábado 28 de mayo de 2022 - 12:00 a.m.
Redacción El Siglo
redaccion@elsiglo.com.pa

Durante los primeros años de matrimonio nació Juan

Don Samuel tenía 20 años de casado con Doña Marta, una mujer de buen cuerpo, enorme trasero.

Pese a que sus amigas le comentaban que el viejo Samuel les tiraba los perros, Marta ignoraba los comentarios, porque aseguraba que eran inventos de ellas y que su marido no tenía que buscar nada en la calle, porque ella era una tremenda hembra que siempre estaba dispuesta a ir al cuero con su hombre.

Durante los primeros años de matrimonio nació Juan, también un tipo muy apuesto, con las mismas características físicas de su padre. El muchacho al cumplir los 18 años lo enviaron a estudiar en la Universidad Harvard, Estados Unidos, Ciencias Políticas.

Doña Marta estaba ansiosa de que su único hijo regresará graduado y le diera nietos.

Para febrero de 2000, Juan les comunicó a sus padres que estaría de regreso al país y que había contactado con una importante firma de abogados en Panamá, donde deseaba hacer carrera y tal vez más adelante formar una familia.

La noticia fue del agrado de sus padres, quienes organizaron una gran fiesta de recibimiento a la que invitaron a familiares cercanos y amigos de su hijo.

Ya casi finalizando febrero y en plena fiesta del carnaval, llegó Juan al país en vuelo procedente de Estados Unidos.

Pero para sorpresa de sus padres no venía solo sino acompañado de Isabella, una mujer altísima, de cabellos dorados, ojos azules y cuerpo de modelo.

Don Samuel y su esposa los recibieron con los brazos abiertos e instalaron a la pareja en la mejor habitación de la residencia, ubicada en un área lujosa de la ciudad capital.

Isabella con costumbres muy diferente a la latina, le gustaba bañarse usando la manguera, en ropa ligera, en el patio de la casa, casi tres veces al días, porque no aguantaba el calor del verano ardiente de febrero.

El martes de carnaval Juan le dijo que se alistará para llevarla a que viera cómo el panameño se divierte en carnaval y sobre todo los culecos.

Cuando se disponían a salir para la Cinta Costera la firma de abogados donde realizaba los trámites para iniciar labores lo llamaron para que participará en una reunión-cóctel con el equipo de trabajo para departir y que conociera a los jefes.

Para no dejar vestida y alborotada a su mujer le dijo a su papá que acompañara a Isabella.

A eso de las 1:00 de la tarde, con el sol candente, los mejores éxitos de Pedrito Altamiranda y los culecos, la gringuita se emocionó y se metió en un descuido del suegro en el tumulto que gozaba a todo dar.

Bebió y bailó como quiso. Quedó empapada y al estar sin ropa interior y sostén quedaron al descubierto sus senos y las nalgas.

Don Samuel corrió, la jaló y se la llevó a una esquina, pero Isabella no le entendía ni una sola palabra. El viejo le clavó los ojos en los senos y en el agua que le escurría entre las piernas y empezó a sentir deseos prohibidos por la muchacha.

Aprovechó que la gringuita estaba borrachita para meterla en una casa de ocasión cerca de la zona de la Cinta Costera, donde la poseyó.

Isabella no estaba del todo inconsciente, por lo que disfrutó del momento de placer con el papá de su marido.

Al día siguiente, durante la cena, Don Samuel se sentó cerca de la yerna y le sobaba las piernas, sin que su esposa e hijo sospecharan de su lujuria.

Lo curioso era que la joven no rechazaba las caricias del suegro que la llegaban a excitar.

Tuvieron varios encuentros ahí mismo en la casa sin despertar sospecha alguna.

El viejo era un potro, que ya tenía dominada a la extranjera. Ambos se enamoraron localmente que planearon fugarse, para tener libertad y amarse sin miedo y a escondidas. Y así ocurrió.

Pasados los meses, cuando Doña Marta se fue a visitar a sus padres en Las Tablas y Juan estaba concentrado con los compromisos de la firma de abogados, planearon la huida.

Don Samuel sacó todos los ahorros de la familia y la trasladó a otra cuenta, alistó toda su ropa y se llevó a su nuera a Costa Rica, donde tenía un apartamento y ahí se instalaron.

Don Samuel le dejó una carta de despedida a su esposa y otra a su hijo, pidiéndoles perdón y justificando que el amor pudo más que la fidelidad al matrimonio y respeto a su único hijo.

El escándalo en la familia y conocidos fue de proporciones enormes, que Juan vendió la casa donde por más de 20 años vivieron sus padres y se llevó a su madre, quien vivió en depresión hasta último día de su vida.

El viejo era un potro, que ya tenía dominada a su nuera extranjera. Ambos se enamoraron localmente que planearon fugarse. Y así ocurrió...
 

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