Falta de voluntad
- martes 01 de enero de 2013 - 12:00 AM
En las horas finales del 2012, Narciso elaboró un listado de las metas para el siguiente año. Encabezaba la lista: dejar el guaro para siempre, y seguía no pelear por nada del mundo con mi mujer, dejarla hablando sola si es necesario, menos discutir.
También anotó no llegar tarde al trabajo ni pedirle prestado a ningún prestamista ni en las cooperativas. No comer muchos carbohidratos ni alimentos grasosos, para rebajar 30 libras, además de no molestar a mi esposa Carola cuando ella se sienta cansada o le duela la cabeza, ni acusarla de que no quiere nada porque me anda quemando. Ya casi muy cerca de las doce escribió: no manejar borracho ni insinuar que mi mujer me escondió la llave. Apurado añadió cerrar la boca mientras miro el partido de fútbol, para evitar que Carola me grite: ‘Cierra la jeta, pareces bobo mirando a esos hombres correr detrás de una pelota, como si ellos no tuvieran dos’. Cuando oyó el retumbar de las bombitas por todas las esquinas anotó apurado la meta número 50: no ser tan tacaño conmigo mismo y comprarme dos veces al año ropa interior nueva y de mayor calidad y precio.
Casi al mismo tiempo terminó Carola de hacer su lista, que solo recogía estas promesas: no pelear con mi marido cuando esté borracho, no criticarle su manera de comer ni lo que come, no insultar a mi suegra y dejar mi obsesión por la limpieza.
Pero cuando el 2013 tenía apenas horas de nacido ya la voluntad de Narciso había dado muestras de flaqueza, y en compañía de algunos vecinos habían bajado un buen par de cajas de pintas, por lo que estaba casi borracho y con una hambruna que se acercó a la mesa con una bandeja y se sirvió tamales, ensalada de papas, arroz con guandú y varios pedazos de pernil. Llevaba su ratito comiendo en el sofá cuando Carola le gritó: Cuidado dejas caer una miga en los sillones nuevos, todo porque tú no los compraste, por eso no te duele ensuciarlos. Y come con elegancia, masticas como si fueras un puerco, cómo crees que vas a rebajar si te sirves esa exageración.
Narciso puso su rebosante bandeja en el piso y se acercó amenazante a Carola gritándole: me voy para donde mi mamá.
‘Vaya, camine para la casa de esa vieja borracha, seguro que allá está con sus hijas pegadas al vidrio’, dijo su mujer, lo que fue suficiente para que Narciso olvidara su extenso listado y sacara la mano, que fue a dar a la cara de su mujer, quien ripostó con un derechazo a la mejilla del borracho, que por el efecto de las pintas trastabilló y quedó de espaldas sobre la mesa llena de cadáveres de animales. Se levantó mostroseado a atacar, pero Carola tenía sangre en los ojos y avanzó hacia él resuelta a pelearle por haberse sentado a comer en los sillones nuevos, de manera que se enfrascaron con tanto ímpetu que una a una fueron cayendo al piso las viandas. El escándalo y los insultos de ambos se oían a varias cuadras, por lo que vinieron algunos vecinos a separar a los contendientes, quienes accedieron a escuchar a otro afectado por el alcohol que se ofreció de mediador en esa mesa de diálogo entre marido y mujer. Casi al atardecer del primer día del año, el borrachín se durmió sin lograr que los esposos aceptaran que ambos eran igualmente culpables. Y para evidenciar que las listas no son más que una simple tradición, Narciso salió borracho en su carro mientras Carola, manguera en mano, lavaba los sillones nuevos.