Compromisos de Año Nuevo
- domingo 01 de enero de 2012 - 12:00 AM
Unas horitas antes, en el inicio del 2012, frente a la cena familiar repleta de cadáveres de animales, pavo, pollo, cerdo y pescado, Mario hizo una lista de sus objetivos para este nuevo año.
‘Abandonar, para siempre, toda práctica extramarital’. Ese era el primero de los objetivos de Mario para el nuevo año. Se durmió plácidamente, con la conciencia tranquila, porque ya no tendría motivo para esconder el celular ni para fingir que hablaba con la tía Efigenia. Pero el buen propósito de Mario le duró hasta el mediodía del primer día del año, cuando vio a una hermana de la vecina, que había venido del interior a pasar acá el fin del 2011 con la esperanza de sacudirse las malas vibras.
En cuanto se la presentaron, empezó a buscar motivos para estar en la terraza y desde allí admirar la escultural figura de Sol, la interiorana, que junto a sus familiares se bañaba en una piscina de plástico. Para seguir en la miradera, ideó bañar a ‘Matusalén’, el perro. Tras dos horas de bañarlo y sobarlo, además de tirar lente para la piscina, empezó a buscarle garrapatas al animal, luego a limarle las uñas hasta que salió su mujer encorajinada a decirle que entrara y dejara en paz al cabrón ‘Matusalén’.
Mario entró, pero enseguida salió a la calle, pues había escuchado que Sol iría al súper. No tuvo dificultad para encontrarla, pues la bella tenía un trasero tan llamativo que hasta las mujeres volteaban a mirar envidiosas. Enseguida se hizo el encontradizo y la saludó, pero Sol pareció no reconocerlo, cosa que enfureció a Mario, quien con ademán grosero intentó guiar la carretilla.
‘Señor, por favor, deje de molestar’, le dijo Sol en voz alta y disgustada también. Fue demasiado para el orgulloso Mario, quien se vanagloriaba de que no había mujer que se le resistiera. Furioso se quedó en el súper mientras ideaba cómo hacer que ella recordara que él era el vecino que le habían presentado unas horas antes. Cuando la vio mirando las frutas se le acercó nuevamente y le preguntó ¿usted, de verdad no me reconoce? Sol levantó la vista y le dijo: ‘Carajo, no sé ni me interesa quién es usted ni qué quiere’. Mario se tragó el orgullo, y con voz de pendejo dijo: ‘Yo soy el vecino que vive al lado de su hermana, el que hace un rato estaba bañando al perro. ‘Perdone, pero no me acuerdo ni de usted ni del perro’, contestó Sol, y siguió sus compras ajena a la angustia de Mario, que salió del súper lleno de vergüenza y convencido de que esa mujer estaba o se hacía la loca, todo menos no acordarse de él.
La esperó a la salida del establecimiento, pero cuando Sol salió del súper ni lo miró y enseguida subió a un taxi. Regresó a su casa encabronado y experimentando en carne propia lo que se siente cuando a uno lo desprecian, algo que él cada año y con frecuencia hacía sentir a su mujer. Más tarde, cuando ‘le refrescó’ la rabia, anotó algo más en su lista de objetivos del 2012: ‘Vivir cada día del año convencido de que en el mundo solo existe una mujer bella: mi esposa’.