Curiosidades

Por su propia culpa se casó obligada

Por su propia culpa se casó obligada

domingo 5 de junio de 2022 - 12:00 a.m.
Redacción El Siglo
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Algo que no incomodaba a la mamá del pelao, aunque las vecinas le decían que esa muchachita estaba muy recorrida

Susana era una mujer cuerpona, de esas que le llaman ‘pocotona' y desde pelaíta era coqueta. Brincó de novio en novio, mientras su mamá, la más bochinchosa del barrio, no sabía como controlar la mala imagen que tenía su chiquilla.

No fue hasta que Susana se enamoró de Eduardo, a quien le llamaban ‘Eduardito', que la familia de Susana se sintió orgullosa, porque la chiquilla había sentado cabeza.

Él era un muchacho trabajador, sencillo y responsable. Vivía frente a Susana y cuando pudo tirarle los perros se los lanzó con éxito.

Algo que no incomodaba a la mamá del pelao, aunque las vecinas le decían que esa muchachita estaba muy recorrida.

Pasaron los meses y los enamorados estaban cada vez más unidos.

El Eduardito comenzó a quedarse de vez en cuando a dormir en casa de Susana y desde ahí los chismosos confirmaron que Susana ya no era ‘señorita'.

La gente comentaba que no estaba bien visto que Eduardito se quedara en casa de doña Lupe. Pero qué más da, cada quien hace en su casa lo que le plazca.

Susana un día saliendo a hacer unas compras para la comida fue sorprendida por una mujer que le gritaba y le exigía que dejara tranquilo a su marido, porque ella se estaba metiendo en su relación.

La chica, sin entender lo que pasaba, sonrió y le dijo, ‘amiga, me estás confundiendo con otra persona'.

La alterada desconocida le insistió que con ella era el problema.

Enseguida Susana se enteró que el Eduardito no era tan santo como parecía.

El muchacho bonachón había estado jugando con dos mujeres a la vez, lo que enojó horriblemente a Susana.

Ella le prometió a la otra mujer de Eduardito, quien era compañera del trabajo de él, que no lo dejaría entrar más, porque eso de estar compartiendo hombres no era lo de ella. Bastante había hecho por recogerse y portarse bien por un tiempo, decía.

A Eduardito lo expulsaron de la casa de su vecina y novia. Tenía prohibido volver, por mentiroso. Los manes pesados sabían que apenas lo veían molestando a la jovencita le iban a dar su tanda de golpes.

En venganza, Susana también se enredó con un compañero de trabajo, Guillermo, quien quedó encantado con el meneo que le hizo en su lecho. Rápidamente le pidió para andar y ella, para darle celos a Eduardito, aceptó ser su novia.

Eduardito llevaba a su pareja, la engañada, y se formaba un tremendo topón en esa calle.

Resulta que Guille, quería que Susana fuera solo para él el resto de su vida, y sin saber que su novia tenía el corazón comprometido, le pidió matrimonio en medio de la fiesta de cumpleaños de ella. ‘¡Sí, acepto!', gritó bien duro para que Eduardito se revolcara de dolor en su cama.

Una fiestota se armó en la casa en la que se encontraban los recién comprometidos.

Al día siguiente, y después de mucho tiempo de volver a hablarse, Eduardo tomó fuerzas, esperó que Susana saliera a trabajar, se le acercó con su carro y le expresó: ‘Así que te vas a casar. Felicidades. Espero que no te hagan lo que te hice yo'.

‘Nunca he esperado que alguien me engañara, tan buena en todo los sentidos que fui contigo', respondió jocosamente con una leve sonrisa en su rostro y con la frente en alto.

‘Todavía me amas, lo sé', contratacó Lalito. Inmediatamente ella cerró la conversación. ‘Sueña', le dijo.

Eduardito, picado y reviviendo todo los buenos momentos que pasó con Susana remató: ‘Espero te cases rápido, sino todo lo que gritaste ayer parecerá falso'.

Ella aceleró el paso, cogió su pirata y no voltió a verlo. Se fue inundada de lágrimas por la respuesta de quien aun amaba.

Eduardito sabía que había metido la pata. Esa respuesta fue sin pensar y creía que esperando unos días el enojo de Susana se desiparía y tendría otra gran oportunidad de reentablar conversa.

El sábado siguiente llegaron varios carros a la casa de Susana, todos llenos de mujeres. Parecía que se armaba otra rumba. Lalito, quien estaba dándole mantenimiento a su auto veía la pega.

Todas las visitantes se veían exageradamente contentan. La razón la supo a los pocos minutos, pues hablaban muy alto.

Se trataba de la familia del nuevo novio de Susana quienes estaban preparando la boda.

Un bandido, aunque infiel, también tiene corazón y el de Eduardo de partió en tres pedazos al ver que su ex se le casaba.

Lo peor es que la boda se realizaría en menos de un mes. Una unión civil para darle formalidad al anillo era lo que planeó Susana.

Como les conté doña Lupe era la más chismosa e hizo que todos en el barrio se enteraran que su hija se casaba el sábado 13 de julio de 2002.

Eduardo, desanimado, volvió a encontrarse con Susana, a quien le prometió ir a rescatarla de su boda.

‘Cuando el juez diga, ¿alguien se opone a esta unión?, yo apareceré y nos iremos lejos de aquí', le prometió.

Cuando llegó el día de la unión, Eduardo nunca apareció, porque como les dije, era un bandido de arriba a abajo.

Ante el comentario de Eduardo ella quiso mostrar que sí estaba decidida, pese a que empezaba a repugnar a su prometido, quien la llenaba de regalo y buenos tratos, pero lamentablemente no era a quien quería.

Susana le creyó, porque siempre quiso ser una protagonista de novela romántica.

Susana en pleno acto, miraba hacia atrás a cada momento y cuando el juez preguntó, ‘¿acepta casarse con Guillermo?', no le quedó de otra que responder que sí.

Eduardo parecía ser el mejor vecino de todos, pero era bandido, un infiel que jugó con los sentimientos de la más coqueta del barrio, quien terminó casándose con quien no quería, por caer en sus juegos
 

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