Curiosidades

Doña Aura y sus dos maridos

Doña Aura y sus dos maridos

martes 3 de mayo de 2022 - 12:00 a.m.
Redacción El Siglo
redaccion@elsiglo.com.pa

Se casó con el señor Marquitos cuando ella era una jovenzuela y él ya un maduro canoso

Decían que era la más bella del barrio por su cabellera azabache que combinaba a la perfección con su piel canela. En el barrio llamaba la atención por su belleza que por su figura. Pero con todo eso, consiguió tener dos maridos.

Ella era mi vecina, se mudó después de que todos se enteraran que era tan afortunada, pero el qué dirán pesó más sobre ella que su disfrute y felicidad.

Aura se casó con el señor Marquitos cuando ella era una jovenzuela y él ya un maduro canoso. En su momento lo veía como suggar pero al paso del tiempo, la edad pesó más y comenzó a quemarlo con compañeros de trabajo, vecinos, amigos, amigos de los amigos, etc.

La situación se fue desarrollando como a ‘Alejo', otro vecino, lo dejó la mujer. El man que era mecánico y conseguía su platita para sobrevivir, pidió posada en la casa de su compadre Marquitos.

Como era de esperarse, le dijo que sí y comenzaron a brindarle techo los esposos.

Aurita salía por las mañanas a trabajar y regresaba en al atardecer y dormía temprano en la noche, no había tiempo para encontrarse con ‘Alejo', hasta que le tocó pedir vacaciones en la institución donde trabajaba.

Una de esas mañanas se ofreció a hacerle el desayuno a su vecino y le preparó un menú ejemplar.

Dos huevos estrellados, una salchicha grande y dos pancake fueron puestos sobre un plato en la posición más pervertida con el fin de despertarle la lujuria en el mecánico.

Aurita le dijo: Qué cómico no, parece como figura vulgar. Él se mostró incómodo y ella, para contratacar se sentó en el sillón frente a él, y abrió sus piernas.

Tenía un pijama de seda, sin nada abajo lo que volvió loco al vecino, quien intentó mantener la compostura.

Ella le dijo que si pasaba algo no le contaría a su esposo. Lo que hizo que Alejo se lanzara desesperado sobre ella.

Lo hicieron en el sillón, en la mesa del comedor, en el baño, en la cocina y en la cama donde dormía Marquitos. Mientras todo esto pasada el pobre don estaba quemando sus pestañas en el trabajo para conseguir el sustento.

Para que no se diera cuenta lo que había pasado, Aura le pidió a Alejo que saliera de la casa y regresara como siempre, después de la llegada de su esposito.

Así se la pasaron durante años. Aura tenía dos maridos y nadie lo sabía.

Un día, la pareja de vecinos del frente decidieron colocar cámaras de seguridad ante la ola de robos que se vivía en el barrio.

La vecina del frente que no concebía lo que pasaba le contó a a Marquitos que en las mañanas veía a Aura y Alejo despedirse de beso y en las noches se cogían hasta en la terraza.

Esto le incomodó tanto que le pidió a su mujer una explicación y ella le dijo: ‘Ya estás viejo, no se para, dejaste a tus hijos por mí, crees que alguien te recogerá así todo pellejudo como estás'.

La respuesta de Aurita le rompió el corazón al pobre Marquitos quien ya estaba hecho un viejito.

Él ideó un plan más perfecto. Para evitar que lo echara de la casa, como le pasó a Alejo, le dijo a su mujer que la perdonaba y perdonaba a su amigo, con la condición de que no volviera a pasar esos encuentros casuales.

Ambos ofrecieron disculpas a Marquitos y todo siguió como si nada.

Solo que no sabían que el viejillo ya estaba mal de la cabeza. Como sabía que seguirían quemándolo, prefirió hacerse el pendejo. Con tal de seguir teniendo el placer de tener de vez en cuando a su mujer, en lugar de nunca volver a disfrutar de los placeres que brindaba estar con Aurita.

La vecina tenía un pijama de seda, sin nada abajo lo que volvió loco al vecino, quien intentó mantener la compostura. Seducía con sus piernas
 

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