Masacre de Albrook, una herida que la historia no debe olvidar

  • 03/10/2026 00:00

Estudiantes de la Universidad de Panamá recuerdan aquel episodio y mantienen viva la memoria de sus víctimas

Trágico presagio del fin de la dictadura

Estudiante de Periodismo

Crueldad. Entre el 3 y el 4 de octubre de 1989, Panamá registró uno de los episodios más oscuros de su historia militar: la Masacre de Albrook. El acontecimiento fue la sangrienta respuesta de la dictadura del general Manuel Antonio Noriega tras un fallido golpe de Estado instigado dentro de las propias Fuerzas de Defensa.

La sublevación, encabezada por el mayor Moisés Giroldi al mando de la Compañía Urracá, buscaba deponer a Noriega para restaurar el orden constitucional. Los rebeldes tomaron el Cuartel Central e inmovilizaron al dictador; sin embargo, las vacilaciones sobre el destino de Noriega y la falta de apoyo táctico decisivo permitieron que tropas leales, como el Batallón 2000, cercaran a los golpistas.

Tras pactar su rendición bajo la promesa de respetarles la vida, once militares fueron capturados. Rompiendo cualquier garantía, nueve de los oficiales fueron trasladados a los hangares de Albrook Field, donde sufrieron torturas antes de ser fusilados, mientras Giroldi era acribillado en Tinajitas.

Este crimen expuso la crueldad sistemática del régimen y convenció a la comunidad internacional de la imposibilidad de un cambio interno. Apenas dos meses después, el 20 de diciembre de 1989, la invasión estadounidense “Causa Justa” puso fin drástico a la dictadura militar.

Del cuartel a la tragedia: 3 de octubre de 1989

Fatídico día. ¿Qué ocurre cuando quienes sirven al poder deciden enfrentarlo? Aquel fatídico 3 de octubre de 1989 envuelve los hangares de Albrook, cuando Moisés Giroldi, cansado del abuso y represión del régimen decide encabezar una rebelión militar. La intención era derrocar al comandante Manuel Antonio Noriega. Este intento golpista pasa a ser una trágica masacre.

En ese entonces el cuartel Central de las Fuerzas de Defensa era el epicentro de operaciones militares. El golpe al régimen se acuerda días antes con el Comando Sur. Esto permite al mayor Giroldi, en un principio, someter junto a sus rebeldes, al general, escoltas y militares allegados. Sin embargo, el fracaso era inevitable. A medida que pasaban las horas Giroldi se percata de la falta de apoyo por parte de las tropas estadounidenses, donde la administración de George W. Bush decide no intervenir. ¿Cuál fue la razón? La indecisión de los rebeldes por no entregar al general de inmediato, entendiendo que la hora cero estaba a la vuelta de la esquina.

Aquellas unidades fieles al régimen tuvieron tiempo necesario para contraatacar, rodear el cuartel y rescatar al dictador. Este error desencadena la brutal ejecución de los oficiales del movimiento y la esperanza por un cambio. Este fue el segundo intento que buscaba acabar con un gobierno autoritario que no respetaba la justicia, la libertad y la democracia. El movimiento libertario se desvanece marcando el hangar de Albrook como un monumento al terror.

Una masacre que no hay que olvidar

Intento de golpe. Teniente coronel Moisés Giroldi Vera; Mayores Nicasio Lorenzo Tuñón, León Tejada González Edgardo E. Sandoval A., Erick Alberto Murillo y Juan José Arza A.; Capitán Jorge Bonilla Arboleda; Tenientes Ismael V. Ortega Caraballo y Francisco Concepción; Subtenientes Deoclídes Julio y Feliciano Muñoz Vega. Son nombres que no podemos olvidar en la historia de Panamá.

Hace 37 años, en la ciudad de Panamá, se vivió el segundo intento de golpe contra el régimen militar de Manuel Antonio Noriega. Un levantamiento fallido, pero que marcó un antes y un después. Las relaciones entre Estados Unidos y Panamá, estaban deterioradas y con el liderazgo del mayor Moisés Giroldi y apoyado por oficiales, logran capturar al dictador.

Lo que parecía una victoria, no obstante la traición de un respaldo a las decisiones del Mayor Giroldi, llevó a la captura y tortura de los “rebeldes”. Fue en un hangar de Albrook donde fue fusilada la mayoría de los golpistas. A Giroldi se le trasladó al de Tinajitas y en la madrugada del 4 de octubre de 1989 fue ejecutado..

Sus muertes no fueron en vano. El arrojo y coraje contribueron a la caída del régimen militar dando paso a la justicia, la libertad y la democracia.

Once nombres que la historia volvió a enterrar

37 años. Hay fechas que no pasan. Permanecen suspendidas en la memoria de un país que aprendió, a fuerza de silencio y dolor, que la historia también puede escribirse con sangre.

El 3 de octubre de 1989, Moisés Giroldi encabezó una sublevación contra Manuel Antonio Noriega. Los rebeldes tomaron el Cuartel Central y lo retuvieron, pero fueron derrotados.

Horas después, fueron trasladados a Albrook. Según la Comisión de la Verdad, los militares fueron ejecutados en un hangar. La versión oficial sostuvo que murieron en un enfrentamiento.

Once vidas quedaron marcadas por aquella jornada: Moisés Giroldi Vera, Nicasio

Lorenzo Tuñón, León Tejada González, Edgardo Sandoval Alba, Erick Alberto Murillo Echevers, Juan José Arza Aguilera, Jorge Bonilla Arboleda, Ismael Ortega Caraballo, Francisco Concepción, Deoclides Julio y Feliciano Muñoz Vega. El Gobierno los reconoció y levantó un monolito en su memoria.

En 1997, la justicia confirmó condenas por la masacre. Noriega recibió 20 años por el homicidio de Giroldi y la privación de libertad de varios militares asesinados.

Noriega murió en 2017. Desde entonces, Albrook permanece como memoria de una tragedia: vidas silenciadas, pero imposibles de borrar.

La historia no puede devolverles la vida, pero sí impedir que sean olvidados.

Cada 3 de octubre, Albrook vuelve a hablar.

¡Que no se repita otra masacre como la de Albrook!

no olvidar. En Panamá ha sucedido un sinnúmero de crímenes, pero, sin duda alguna, uno que jamás debe ser olvidado en la historia del país es la masacre de Albrook. Un grupo del ejército intentó derrocar al dictador Manuel Antonio Noriega. El golpe no prosperó debido a la falta de coraje de su cabecilla, el mayor Moisés Giroldi. Este suceso ocurrió el tres de octubre de 1989.

El mayor Moisés Giroldi Vega, quien regresaba de una misión de la ONU en Namibia y otros diez miembros de las Fuerzas de Defensa de Panamá intentaron sacar a Noriega. El país estaba bajo una represión brutal que ya no había espacio para más.

El golpe de Estado, en los inicios, avanzaba tal como se había acordado. Noriega estaba atrapado en su búnker de la Comandancia ubicado en el cuartel Central de El Chorrillo. Desde ese lugar Noriega logra contactar a algunos oficiales leales. En el patio del cuartel Giroldi no atendía las alertas de los otros golpistas. El tiempo pasaba y Noriega, ya frente a Giroldi, utilizó la sicología para ganar tiempo. Es importante destacar que Giroldi fue quien abortó el primer golpe del 16 de marzo de 1988. Luego Noriega lo asciende de capitán a mayor y se ofrece para ser padrino de la boda. La soberbia de Giroldi y la sicología de Noriega permitieron que los aliados llegaran para impedir el traslado del General hacia el comando Sur.

Una vez reducidas las fuerzas que se sublevaron los once oficiales fueron torturados. A diez de ellos los asesinaron en un hangar de Albrook, el mismo tres de otubre. Giroldi fue trasladado al cuartel de Tinajitas y en la madrugada del 4 de octubre recibió el tiro de gracia que terminó con su vida. El parte de guerra decía que murieron en combate cuando en realidad fueron ejecutados. En el primer intento de golpe Noriega dijo que hoy las abuelas, madres, esposas e hijos podrían llevarles alimentos y cigarrillos a los sublevados, pero de darse otro... serían flores al cementerio y así ocurrió.