Los juegos de azar y el surgimiento de la lotería I Parte
- 08/03/2026 00:00
La lotería y los juegos de azar tienen una historia que se remonta a casi tres siglos
La lotería en nuestro medio, al igual que los demás juegos de suerte y azar, forma parte de una extensa historia que se remonta a casi tres siglos. A lo largo del devenir de la humanidad, estos juegos han constituido una expresión de entretenimiento y una manera de satisfacer el ocio. Los datos más antiguos y verificables se encuentran en la literatura hindú, donde se relata lo efímero de la riqueza. En ese contexto, más que exaltar la fortuna, se expone el trágico destino de un héroe que, pese a su valentía, perdió su patrimonio al entregarlo al azar en una tirada de dados.
Los egipcios y los árabes se deleitaban con la práctica habitual de los juegos, mientras que los naipes —conocidos también como barajas— alcanzaron gran popularidad en la antigua China. Según Ching Tze Chung, estos servían como forma de esparcimiento para la nobleza y como entretenimiento para las compañeras de Seu Ho. En aquellos imperios donde predominaban el lujo y la diversión, los juegos despertaban el entusiasmo tanto de la nobleza como de la plebe.
En el recorrido histórico, la Europa medieval también otorgó un lugar relevante a la lotería y a otros juegos de suerte y azar, pese a las restricciones que, con frecuencia, se imponían. La pomposa Génova, rica en entusiasmo por sus fiestas y celebraciones en barrios y plazas, llegó incluso a adoptar una práctica controvertida para la escogencia de senadores, utilizando el azar —específicamente la lotería— como sistema de selección.
Los italianos impulsaron esta afición, que igualmente se extendió a Francia, donde la mentalidad mercantilista, orientada al lucro, promovía en la teoría y en la vida cotidiana la acumulación de riqueza, incluidos los metales preciosos. La imaginación nos transporta también a otras civilizaciones de costumbres llamativas, como Japón, donde en 1635 la lotería comenzó a cobrar especial importancia.
Los juegos de suerte y azar estuvieron presentes en la España medieval, tierra del Cid Campeador. En medio de la vida cotidiana y, en ocasiones, de la soledad de sus habitantes, germinaba también la inclinación hacia el azar. España, dominada durante siete siglos por los moros, culminó este periodo con la caída del último bastión en 1492. Ese mismo año, los Reyes retomaron plenamente el control de su territorio, y los juegos de azar comenzaron a ser objeto de severas medidas restrictivas, acompañadas de fuertes sanciones contra quienes los practicaban.
La prohibición se formalizó mediante la Ordenanza de las Tafurerías, en la que se establecía que el jugador recibiría una sanción rigurosa por participar en juegos de azar. No obstante, el ocio y el carácter de quienes habían guerreado contra los denominados infieles contribuyeron a potenciar tanto la usura como la práctica de estos juegos. Entre los españoles, los dados y los naipes figuraron como las modalidades preferidas.
En Panamá Viejo —hoy reducido a ruinas que apenas evocan su pasado— el disfrute de los juegos de suerte y azar fue una práctica común. Incluso antes de su fundación, en Santa María la Antigua del Darién, según el Dr. Octavio Méndez Pereira, los pobladores, en su experiencia existencial lejos de Europa, se entregaban con frecuencia al juego, pasando —como él mismo escribe— “jugando por las noches a los dados” (Núñez de Balboa, p. 72).La historia de Panamá encierra no pocas ironías, y la falsedad de ciertos propósitos se revela con el paso del tiempo. Así ocurrió cuando Pedrarias Dávila llegó al istmo investido de poder y portando las llamadas Instrucciones, un conjunto de regulaciones de carácter general. Entre ellas se establecía la prohibición de los juegos de suerte y azar. El mandato era explícito: “que ninguno juegue dados ni naipes ni otro juego prohibido, ni tenga naipes y dados para vender, ni los lleven, so graves penas” (Morales Padrón, p. 95). Sin embargo, el desenlace no fue el esperado. Lejos de erradicarse, los juegos de azar persistieron y han perdurado, con distintas formas y regulaciones, hasta la actualidad.