Historia del Hospital Santo Tomás I Parte
- 26/07/2026 00:00
El Hospital Santo Tomás ha superado incendios, crisis y siglos de historia para convertirse en el símbolo de la salud pública panameña
La actividad hospitalaria constituye una valiosa fuente de información para comprender el estado de salud de una sociedad en un momento determinado. En este contexto, el Hospital Santo Tomás posee una tradición centenaria y una trayectoria marcada por numerosos ejemplos de dedicación, compromiso y excelencia al servicio de la población panameña. Su labor ha sido fundamental para el desarrollo de la salud pública en el país.
Es indiscutible que el Hospital Santo Tomás es el centro hospitalario más antiguo de Panamá y que cuenta con un legado inigualable en materia de atención médica, asistencia social y servicio público. A lo largo de su historia, ha desempeñado un rol decisivo en la protección y el mejoramiento de la salud de la población. La fundación del Hospital Santo Tomás se remonta, según los datos proporcionados por el obispo Diego Ladrón de Guevara, al año 1695. No obstante, existen discrepancias historiográficas respecto a esta fecha. En este sentido, Juan Antonio Susto señala el año 1819 como fecha de establecimiento de la institución. Considero que la referencia de Susto corresponde, más bien, a una refundación o reorganización del hospital, y no a su fundación original.
Durante varios años, el hospital continuó prestando sus servicios en condiciones de gran precariedad. Esta situación motivó a la Real Audiencia a dirigir una carta al Rey en la que exponía el estado de pobreza de la institución y solicitaba con urgencia recursos destinados a su mantenimiento y reedificación.
A lo largo del período colonial, la ciudad de Panamá fue afectada por diversos incendios. Entre ellos destaca el ocurrido el 2 de enero de 1737, el cual, afortunadamente, no causó daños significativos a los hospitales de San Juan de Dios, destinado a los varones, y Santo Tomás, destinado a las mujeres. Estos siniestros tuvieron lugar en la Nueva Panamá, conocida actualmente como Casco Antiguo o San Felipe.
En las regiones recién colonizadas por los españoles era escasa la presencia de médicos, situación que se manifestó con especial intensidad en Panamá. Esta problemática se agravó cuando el tránsito marítimo comenzó a experimentar una notable disminución y la actividad mercantil entró en un período de decadencia. Como consecuencia, el dinamismo económico de la región se redujo considerablemente, afectando tanto a Panamá como a Portobelo.
La desaparición de las ferias de Portobelo y la disminución del tránsito del oro y plata por las ciudades terminales de la ruta comercial provocaron una profunda crisis económica. Esta situación motivó el abandono progresivo de dichas ciudades por parte de numerosos habitantes, contribuyendo así a su declive demográfico y comercial.
Los hospitales subsistieron durante muchos años gracias a las limosnas y contribuciones voluntarias de los vecinos, quienes brindaron su apoyo de manera desinteresada. Asimismo, recibieron recursos provenientes de la Real Hacienda, indispensables para garantizar su funcionamiento. Sin embargo, la difícil situación económica que imperaba en la época hacía parecer improbable la supervivencia de estas instituciones. En medio de una profunda crisis económica, los hospitales apenas lograban mantenerse en funcionamiento, enfrentando constantes limitaciones financieras y materiales. A pesar de estas adversidades, surgió una iniciativa que resultaba inesperada para las circunstancias del momento. El obispo Francisco Javier de Luna Victoria y Castro concibió el proyecto de fundar una universidad en Panamá, demostrando una notable visión de futuro y un firme compromiso con el desarrollo educativo e intelectual de la sociedad panameña.
Atacada Panamá La Vieja por Henry Morgan, el Hospital Santo Tomas se refundó en la nueva ciudad en lo que es hoy el barrio de San Felipe. El 22 de septiembre de 1702, al lado donde se encuentra el teatro Variedades, se estableció el Hospital Santo Tomás. Era parte de la tradición que los hospitales tuviesen un capellán y fue nombrado para el caso a Juan de Dios Martínez de Salas.
Es importante señalar que existieron dos hospitales más: el Hospital Militar construido de ladrillos, cal y canto con una extensión de 4.470 metros cuadrados con su respectiva iglesia y un gran patio donde solía ser área de esparcimiento y le daba una gran vistosidad al hospital. El hospital como promedio había atendido 1.200 pacientes. Luego de algunas diferencias, entregaron el hospital a la cofradía que ellos pertenecían. Surgió una polémica referente a que el hospital al parecer había recibido ayuda de los vecinos. Surgió la oposición para que se legara a la cofradía. Otras dificultades, vicisitudes y molestias se presentaron; a pesar de ello, la actividad hospitalaria venció todos estos inconvenientes.