Don bosco: testimonio vivo de fe y gratitud
- 30/01/2026 00:00
Una infancia humilde en Perejil, las pruebas duras de la vida adulta y la fe en como guía permanente
Provengo de una familia humilde, pero con una fe inquebrantable en la doctrina católica, sostenida a lo largo de cinco generaciones. Mi madre, recientemente fallecida a los 100 años, fue un pilar fundamental de esa herencia espiritual. Hasta el final de sus días conservó en su alcoba estampitas, imágenes y el instructivo de la novena de Don Bosco, una devoción que marcó profundamente nuestra vida familiar.
Crecí en el barrio de Perejil, entre calle Primera y Tercera, a pocos pasos de la basílica de Don Bosco. Los domingos estaban acompañados por el sonido del campanario que anunciaba el inicio y el fin de las misas. En esas calles, jugando descalzo con la muchachada, viví una experiencia que nunca olvidé. Perdí unos cuantos reales que mi madre, producto de la venta de lotería, me había dado para completar la cena. Angustiado, al escuchar las campanas levanté la mirada al cielo y le pedí a Don Bosco comprensión y perdón. Al día siguiente, el dinero apareció: el dueño de la tienda lo había encontrado gracias a mis amigos. Para mí, no fue casualidad.
A los 11 años ya estaba vinculado a la Iglesia, ayudando en las labores de la Eucaristía y acompañando a una vecina a llevar a su hija a catequesis. Desde entonces me considero salesiano por formación y práctica. A lo largo de mi vida he vivido situaciones en las que, sin duda, he sentido la mano del santo. Durante mis estudios de Derecho, una psicóloga sentenció que no calificaba para ser abogado. Solo respondí: “Se lo dejo en manos de Don Bosco”. Años después, coincidimos en una sala de audiencias y, con humildad, me dijo: “Me equivoqué”.
La pandemia fue otra prueba. Mi esposa fue una de las primeras contagiadas por el virus, entubada y en cuidados intensivos. Las noticias eran aterradoras. Volví a pedir la intercesión de Don Bosco y, contra todo pronóstico, en pocos días se recuperó y regresó a casa.
También he sido bendecido con un buen hijo y un nieto, hoy de seis años, por quien recé durante la novena de 2023 debido a dificultades en el lenguaje. Hoy habla sin problemas. Mis propias complicaciones de salud, que amenazaron con dejarme discapacitado, fueron superadas tras encomendarme nuevamente al santo.
Me preparo para caminar la procesión con gratitud y fe. Aprendí de Don Bosco: “Tened fe y veréis lo que son los milagros”. Yo soy testimonio de ello.