Antecedentes del Carnaval en Panamá
- 08/02/2026 00:00
Las añejas tradiciones culturales de Panamá, hoy evocadas por el recuerdo como parte de las anécdotas orales de los abuelos y, en muchos casos, también recogidas por escrito, representan valiosas expresiones espirituales y culturales. Desde la antropología, la cultura se entiende como un conjunto de conocimientos, arte, moral y costumbres. Es precisamente de esta amalgama de elementos de donde surge el folclore, como expresión de la actividad material y espiritual de los pueblos, en la que se preservan tradiciones que aún se estudian en el presente. Estas manifestaciones representan un recuerdo del pretérito, tangible y visual, de la realidad ancestral.
En este contexto, busquemos el origen de nuestras tradiciones carnestolendas, mediante las siguientes interrogantes: ¿cuál es su origen?, ¿cuál ha sido su desarrollo y cuáles son sus características esenciales?, y ¿en qué momento aparecen en Panamá? Cabe preguntarse también si se trata de una expresión originaria o de una extrapolación extranjera adaptada a nuestro ambiente tropical.
Durante mucho tiempo se ha concebido el Carnaval como una celebración originaria de Grecia y Roma, especialmente por las actividades de bailes y el uso de máscaras. Sin embargo, estas manifestaciones antiguas, a pesar de las fiestas saturnales, su lujo y desenfreno, no constituyen en sí el origen directo de los carnavales actuales. Los carnavales del Panamá cosmopolita de hoy tienen su raíz en la Edad Media española. Provienen de tradiciones del siglo XII, vinculadas al desarrollo de las ciudades y al crecimiento de la población. En ese contexto, el desborde de las pasiones contrastaba con el período de abstinencia de la carne impuesto por la Iglesia.
Ya en épocas tempranas, en el siglo VII, Isidoro de Sevilla había lanzado airadas protestas contra las actividades desordenadas de los bailes, así como contra el consumo de carne, prohibido en ciertos períodos. La crítica se centraba en que quienes bailaban realizaban exhibiciones consideradas impropias, y la Iglesia también condenaba el uso de máscaras, pues estas impedían identificar al burlón o transgresor.
Con el paso del tiempo, estas prácticas se transformaron y, para el siglo XVI, el Carnaval era ya una costumbre arraigada en España. Durante la celebración se arrojaban frutas, como naranjas, huevos e incluso nieve. Asimismo, se practicaban juegos crueles, como enterrar gallos y cortarles la cabeza. En la Edad Media, el Carnaval adquirió así un carácter festivo y transgresor. Las mujeres, por su parte, solían lanzar jarros de agua a cualquier desprevenido. Finalmente, al llegar el último día de Carnaval, la festividad daba paso al Miércoles de Ceniza, marcando el inicio de la Cuaresma.
Los Carnavales tiene su origen en la España medieval y en el proceso de conquista y colonización se produjo el proceso de transculturización. Es la fase durante la colonización que en el Istmo, recibe y adopta formas y aspectos culturales de España. En el proceso de edificación de la nueva ciudad llamada también Nuestra Señora de la Asunción se produce ese paso y trasplante de la cultura. La arquitectura y forma de edificación de la ciudad incluida los Carnavales es definición básica de la estructura social.
La información más precisa que tenemos de los Carnavales en Panamá la Vieja data del 9 de abril de 1669. Dos hechos contradictorios definen esa realidad el caso de la celebración de la Semana Santa donde el ritual se encuentra en las ceremonias religiosas con toda la austeridad y recato de la Semana Santa. Ese día entra triunfante a la ciudad el nuevo Gobernador Juan Pérez de Guzman, le sigue el cortejo con máscaras y disfraces vulnerando la pasión y tranquilidad de los fieles religiosos. Imitando las llamadas Carnestolendas y la Mojigangas. Música y cantos paganos que hacían resentir a los feligreses. Ese memorable día lo pagado se enfrentó a lo religioso la ciudad quedo vulnerada por los dos sectores religioso y pagano, un sector y las autoridades administrativas ejercía su poder, a la vez enfrentaba al poder religioso.
La llegada de Guzman hizo atizar el sentido de las Carnestolendas y Mojigangas que es obvio, que tales actos escénicos se centraban en el relato teatral de la vida común.
Ambas costumbres continuaron existiendo después de la toma del pirata Enrique Morgan el 28 de enero de 1671. Presa del voraz incendio la ciudad cayó en poder de los piratas y la huida a Natá de algunos vecinos, otros fueron capturados y torturados, incluso un grupo llegaron hasta las islas Naos y Flamenco.
Todos los años posteriores giraron en el embrollo de las Carnestolendas y Mojigangas del siglo XVIII. Sin olvidar los sucesos del pasado en que la inquisición se vistió de guerra contra lo que se consideraba pecaminoso. Y sin fueros ni privilegios el poder de la decencia del siglo XVIII, fue sancionada Carta Edicto: Sobre la Excomunión Mayor Contra Ciertos Bailes. (Revista Lotería marzo 1944 p. 21).