Corpus Christi en La Villa: una historia de fervorosidad y tradición

Representación de nuestras tradiciones. Cortesía
  • 04/06/2026 08:44

El Cuerpo y la Sangre de Cristo recorre las calles adornadas con alfombras de sal y flores

Las hermosas alfombras alrededor de la Plaza Simón Bolívar adornan el entorno envuelto con aromas de incienso, fe y tradición. No es cualquier día; es un ritual que precede a lo sagrado. En las calles de la heróica ciudad danzan hoy las expresiones vivas desde hace más de tres siglos.

En La Villa de Los Santos, el tiempo no transcurre: se pliega sobre sí mismo en una espiral de mojiganga y devoción. Aquí, la fiesta del Corpus Christi no es solo una celebración litúrgica: es un teatro vivo donde el misterio de la transustanciación se explica con máscaras, versos y el lenguaje único del folklore panameño.

Esta tradición, una de las más antiguas del istmo, hunde sus raíces en la Colonia, cuando los misioneros españoles encontraron en la representación teatral la gramática común para evangelizar el alma indígena. Lo que nació como catequesis visual —autos sacramentales bajo el sol inclemente del trópico— se transformó con los siglos en un rito mestizo, una identidad hecha danza.

Hoy, el Cuerpo y la Sangre de Cristo no solo se adoran en la custodia dorada que recorre las calles adornadas con alfombras de sal y flores, sino también en el sudor y el ritmo de sus danzantes.

Después de la Santa Eucaristía, los danzantes que se preparan durante meses, prestos se forman para la procesión. Las danzas están listas, en esta esta exaltación de la cultura.

Varias son las danzas que desfilan para el Corpus Christi, la de los Diablicos Sucios, con más de 300 años de historia, según ha documentado el investigador y folclorólogo Arístides Burgos Villarreal, es la más antigua.

La danza de El Gran Diablo, jerárquico y teatral, donde el arcángel Miguel libra una batalla eterna en versos con el diablo mayor por la custodia de un alma; el Zaracundé, de profunda herencia afrocolonial, con sus coplas que narra la lucha negra contra la esclavitud; la majestuosa Montezuma Española, que rememora el encuentro entre dos mundos, uno de aborígenes y otro de conquistadores.

También se luce el Torito Guapo, una sátira taurina donde el hombre y la bestia se funden en un juego de astucia y bravura.C

ada máscara es un tratado teológico popular. Cada danzante, un actor de una liturgia que no distingue entre el escenario y el altar.Para esta edición, que es fecha movible pero tiene en La Villa su máxima exposición nacional, el alcalde Raúl Montenegro ha anunciado que las actividades se extenderán desde hoy, 4 de junio hasta el domingo 14.

Asistir al Corpus Christi de La Villa es entender que la fe, en Panamá, no es silencio: es verso, es tambor, es máscara que suda. Es un pueblo que, para adorar el misterio más profundo del cristianismo, decidió hacer bailar su propia historia.