“...Y nada de paleta”

  • 24/07/2026 00:00

Cuando alguien dice la expresión popular “puro tilín-tilín y nada de paleta”, cualquier panameño entiende. En el barrio, el sonido de la campana anuncia que el vendedor de paletas viene empujando su carrito. Pero, ¿qué ocurriría si, al salir la gente, el paletero les dijera que se agotaron las paletas?

Todo anuncio debe estar respaldado por un producto real. De lo contrario, se convierte en una forma de publicidad engañosa que solo genera falsas expectativas y termina por frustrar a quienes confiaron.

Algo parecido ocurre con la comunicación del gobierno. A diferencia de la administración anterior, criticada por su silencio y su escasa presencia, el gobierno actual ha optado por una estrategia distinta: comunicar de forma permanente. Sin embargo, comunicar mucho no siempre significa comunicar mejor.

El problema surge cuando las expectativas que se crean no encuentran respaldo en hechos tangibles. Se hace sonar la campana, pero al abrir el congelador resulta que no hay paletas.

Se habla del tren Panamá-David, del desarrollo de Puerto Armuelles, de grandes proyectos de infraestructura, de la Línea 3 del Metro, del Cuarto Puente y de una economía que, según las cifras oficiales, avanza con fuerza. Sin embargo, para buena parte de los ciudadanos esas promesas siguen viéndose lejanas, mientras los beneficios no se reflejan en su vida cotidiana.

La macroeconomía puede mostrar indicadores alentadores, pero esos números pierden valor cuando no se traducen en más empleo, mayor poder adquisitivo y mejores oportunidades para las familias.

A ello se suman problemas que golpean diariamente a la población: inseguridad, desempleo, sistema de salud, crisis de agua potable y una creciente desconfianza en el consumo. Esa realidad termina eclipsando cualquier anuncio optimista que haga el gobierno.

La comunicación gubernamental no puede sostenerse únicamente sobre expectativas. Los ciudadanos necesitan resultados tangibles, ya que ningún gobierno puede vivir indefinidamente del sonido de la campana. Tarde o temprano, la gente abrirá el congelador para comprobar si realmente hay paletas. Y cuando descubre que está vacío, dejará de creer.