¡Violencia!...entre fracaso oficial y pobreza

  • 26/05/2026 00:00

Todas las alarmas está encendidas, ante los brotes de violencia. Unos ubican sus causas en la inoperancia policial, y otros en los altos índices de pobreza registrados. De la comparación, no puede negarse que estamos ante una demostración del poderío del crimen organizado, y como resultado de esto, el país vive bajo un ambiente de tensión y miedo. La vida sigue, y todos nos movemos a media máquina, sólo que mientras batallamos duro por el “día a día”, otros te acechan para robarte o para quitarte la vida. No han tenido éxito las respuestas gubernamentales que prometen responder con más violencia; entonces, ¿qué hacer?

El Estado prevé que excepcionalmente se produzcan relaciones interpersonales conflictivas, y para ello ha establecido sistemas para neutralizarlos, que resultan ineficaces, pues cada Órgano por separado ofrece sus respuestas. Así, la Asamblea aumenta las penas de prisión; los estamentos de seguridad triplican el rigor policiaco, y los juzgados tienen las cárceles llenas “al tope”.

De modo que si en la lucha contra la violencia, el fracaso oficial es evidente, los ciudadanos tenemos como opción, comprar cámaras de seguridad, y aumentar las verjas y murallas de protección residencial. El temor y la desesperanza forman “un batido”, capaz de paralizar al país entero, en momentos en los que para subsistir se hace necesario agotar las reservas individuales y colectivas, de ánimo y enjundia que permanecen ocultas algún lugar.

Las fuerzas siniestras que nos amenazan, tienen a su favor con dos factores claves: la miseria galopante y la desconfianza en la capacidad estatal. Esos ambiciosos planes de desarrollo y bienestar nacional, que como manteles decorativos, han venido adornando importantes despachos públicos, seguirán allí hasta tanto enfrentemos el problema de la violencia ciudadana con verdadero rigor científico, y distanciados de la politiquería.

Si no hay respuesta al hambre, de seguro que la violencia resurgirá, y si la justicia no deja de ser selectiva, mejor “apaguemos el televisor y vámonos”. El futuro no es prometedor. Llevamos a nuestras familias a límites de control que les impide formar a sus niños en disciplina, y en consecuencia, aquellos prefieren soñar con manejar un arma, que ir a la escuela.