Una cumbre llena de matices
- 13/07/2026 00:00
La semana pasada se celebró, durante dos días, una cumbre de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en Ankara, capital de Türkiye. La seguí con mucha atención porque no es poca cosa que, en tiempos de conflictos armados en distintas regiones del mundo, se reúnan los 32 países que integran la Alianza y se invite además a Ucrania a participar como país socio.
La OTAN fue fundada en 1949 con el objetivo primordial de contener la expansión de la Unión Soviética y garantizar la defensa colectiva de Occidente tras la Segunda Guerra Mundial. Sus miembros fundadores fueron Bélgica, Canadá, Dinamarca, Estados Unidos, Francia, Islandia, Italia, Luxemburgo, los Países Bajos, Noruega, Portugal y el Reino Unido. En 1952 ingresaron Grecia y Türkiye, y posteriormente se incorporaron otros países. El más reciente fue Suecia, en 2024.
Türkiye ocupa un lugar estratégico dentro de la organización. Posee el segundo ejército más numeroso de la OTAN, después del de Estados Unidos, y su ubicación geográfica la convierte en un puente entre Europa, Asia y Oriente Medio. Aunque en los últimos años han surgido importantes diferencias entre Ankara y Washington, la cumbre permitió acercar posiciones y abrir espacios para una mayor cooperación.
Más allá de la proverbial hospitalidad turca, la nota discordante volvió a ponerla el presidente Donald Trump. Como ha sido habitual en las cumbres donde participa, insistió en que los países europeos deben aumentar significativamente su contribución al gasto en defensa y dirigió críticas particularmente severas contra España por negarse a incrementar ese aporte hasta el nivel impulsado por Estados Unidos. Además, cuestionó la posición del gobierno español por no respaldar la actuación militar estadounidense contra Irán en el conflicto relacionado con el estrecho de Ormuz, llegando incluso a amenazar con represalias de carácter comercial.
La razón de ser de la OTAN es la defensa colectiva de sus miembros. Sin embargo, en un mundo cada vez más convulsionado, sería deseable que la Alianza dedicara también mayores esfuerzos a promover soluciones diplomáticas que contribuyan a evitar nuevos conflictos. La fortaleza militar puede disuadir agresiones, pero la paz duradera sólo puede construirse mediante el diálogo, el respeto al derecho internacional y la búsqueda de acuerdos que privilegien la convivencia entre las naciones.