Tenemos que llevar la guardia arriba
- 02/04/2026 00:00
Panamá hoy no pelea por un cinturón de oro, lo hace por su propia integridad en un cuadrilátero que se siente cada vez más estrecho. La inseguridad ha dejado de ser un rival que lanza jabs esporádicos para convertirse en un fajador incansable que nos tiene contra las cuerdas.
En las calles del Istmo, el ciudadano común camina con la guardia en alto, esquivando los ganchos de una delincuencia que parece haber estudiado todos nuestros puntos débiles, mientras el réferi estatal cuenta los segundos sin decidirse a intervenir con la firmeza que el combate exige.
La metralla en los barrios no es un intercambio de guantes, sino una coreografía trágica que ensucia el récord de una nación que solía presumir de su “paz defensiva”.
Los grupos organizados han subido al ring con una pegada demoledora, moviéndose con una agilidad que deja a las autoridades luciendo pesadas y fuera de forma. No es solo un problema de falta de entrenamiento; es que el rival ha infiltrado hasta las esquinas.
En el centro del entablado, la sociedad panameña luce agotada, con el rostro marcado por la incertidumbre y el miedo.
Ya no basta con moverse por el ring o intentar amarrar al oponente para sobrevivir al asalto.