Tecnología e innovación en la educación
- 22/06/2026 00:00
La realidad socioeducativa de Panamá enfrenta múltiples desafíos que suelen generar posiciones encontradas entre las autoridades del Ministerio de Educación (Meduca), los gremios docentes y diversos sectores de la sociedad. Estas diferencias dificultan la construcción de consensos que permitan avanzar en políticas educativas sostenibles. En este artículo nos centraremos en un tema específico: la incorporación de dispositivos tecnológicos en las aulas.
Es innegable que el mundo actual exige competencias tecnológicas cada vez más amplias. Sin embargo, surge una pregunta fundamental: ¿entregar una computadora portátil a cada estudiante garantiza una mejora real en la calidad educativa?
Durante la primera gestión de la ministra Lucy Molinar se impulsó un programa de entrega masiva de laptops. Ahora la iniciativa vuelve a plantearse bajo el argumento de que la educación debe adaptarse a los cambios tecnológicos. No obstante, se desconocen evaluaciones públicas que permitan medir el impacto de la experiencia desarrollada entre 2009 y 2014.
Facilitar herramientas tecnológicas a los estudiantes es una medida positiva, pero resulta insuficiente si no está acompañada de una planificación integral. Muchas escuelas carecen de infraestructura adecuada, conectividad estable, capacidad eléctrica suficiente y contenidos actualizados que aprovechen verdaderamente estos recursos.
Para evitar errores del pasado, considero necesario adoptar tres medidas fundamentales.
Primero, implementar la entrega de laptops de manera escalonada. El programa podría iniciar con los estudiantes de duodécimo grado, acompañándolo de capacitación específica en el uso de programas relacionados con sus estudios. Tras evaluar los resultados, la cobertura podría ampliarse progresivamente al resto de la educación media.
Segundo, promover la creación de clubes tecnológicos o de informática. Estos espacios permitirían identificar y desarrollar talentos desde primaria y premedia, fomentando habilidades digitales mediante actividades complementarias al currículo regular.
Tercero, priorizar la inversión en infraestructura. Antes de distribuir miles de computadoras, es indispensable garantizar acceso a internet, redes adecuadas, suministro eléctrico confiable y equipamiento tecnológico, especialmente en áreas rurales y comarcas indígenas.
Si el objetivo se limita únicamente a entregar equipos sin resolver estas necesidades básicas, Panamá corre el riesgo de repetir experiencias poco efectivas y perder una nueva oportunidad para fortalecer la calidad de su sistema educativo. La tecnología es una herramienta valiosa, pero solo produce resultados cuando forma parte de una estrategia educativa bien planificada.