Silbatinas, porque es un pleito desigual
- 07/05/2026 00:00
Suena la campana y el panameño sale de su esquina con la guardia arriba, pero el rival que tiene enfrente no es cualquier bulto: es la factura de la luz, un peso pesado que pega con mucha fuerza.
En este cuadrilátero nacional, el usuario promedio parece un boxeador de peso pluma recibiendo jabs constantes de una facturación que no entiende de crisis ni de salarios mínimos.
Las promotoras parecen estar ganando por decisión unánime, mientras el pueblo se tambalea en las cuerdas de la morosidad, esperando a un árbitro que nunca llega a poner orden.
El intercambio de golpes es desigual. En la esquina roja, las promotoras que están “en la salsa” lanzan ganchos al hígado con ajustes a sus productos que, en la práctica, se sienten como golpes directos al bolsillo. Mientras tanto, el panameño de a pie intenta defenderse con la técnica del ahorro: apagando el aire, desconectando la refri y viviendo a punta de abanico; pero ni así logra esquivar el golpe de gracia al final de cada mes.
Es un combate donde el réferi parece mirar hacia otro lado, mientras los aficionados en la gradería quedan en la lona pidiendo la cuenta de diez.
Es necesario que alguien suba al ring y detenga esta paliza. No se puede ganar una pelea si el oponente tiene los guantes cargados y el reglamento a su favor.