Rendición de cuentas

  • 14/03/2026 12:01

La participación de Panamá en el Clásico Mundial de Béisbol 2026 dejó más preguntas que respuestas. Y no necesariamente por lo ocurrido dentro del terreno de juego, donde las derrotas forman parte del deporte, sino por lo que ocurre fuera del diamante, donde lo que debe imperar es la transparencia.

La Federación Panameña de Béisbol (Fedebeis) tiene ahora la responsabilidad de presentar un informe detallado sobre la participación de la selección nacional en este torneo.

No se trata de un simple trámite administrativo ni de un documento para archivar discretamente en algún escritorio. Se trata de rendir cuentas a un país que, directa o indirectamente, termina financiando parte de estas delegaciones.

El informe debería incluir, sin rodeos, la cantidad de personas que viajaron como parte de la delegación panameña, sus funciones dentro del equipo y el detalle completo de los gastos realizados.

Boletos aéreos, hospedajes, viáticos, logística, transporte y cualquier otro rubro que haya implicado desembolsos. Cuando intervienen recursos públicos, la claridad no es una cortesía: es una obligación.

También corresponde explicar cuál fue el aporte del Estado panameño en esta participación. Los ciudadanos tienen derecho a conocer cuánto dinero público se destinó a esta misión deportiva y cómo se administraron esos recursos.

La rendición de cuentas no debe ser vista como una molestia, sino como un ejercicio básico de respeto hacia quienes, con sus impuestos, sostienen parte de estas estructuras.

El béisbol es, sin duda, una de las grandes pasiones nacionales. Pero esa pasión no puede convertirse en una cortina de humo que impida hacer preguntas incómodas.

En ocasiones, las delegaciones deportivas terminan inflándose con acompañantes, asesores o invitados cuya utilidad real resulta difícil de explicar cuando llega el momento de revisar las cuentas.

Nadie cuestiona el valor de representar a Panamá en un escenario internacional. Lo que sí debe cuestionarse es la falta de información cuando se trata de recursos que pertenecen a todos.

Las instituciones deportivas, al igual que cualquier entidad que reciba apoyo estatal, están obligadas a actuar con transparencia.

Al final, las derrotas en el campo pueden doler, pero forman parte del juego. Lo que no debería formar parte del juego es el silencio cuando llega la hora de explicar cómo se manejó el dinero.

Porque si el resultado deportivo ya quedó escrito en el marcador, lo mínimo que espera el país es que las cuentas, al menos, sí cuadren.