Portobelo: donde late la identidad afro de Panamá, patrimonio vivo y deuda histórica

  • 17/05/2026 10:40

Portobelo no necesita compasión; necesita inversión, planificación y acción.

Entre colores vibrantes, fortalezas coloniales que narran siglos de historia, el aroma del pescado frito, la brisa marina, el resonar de los tambores y la calidez de su gente, así recibe Portobelo a quienes visitan este distrito colonense, hogar de más de cuatro mil habitantes, cuya economía depende en gran medida del turismo.

La historia cuenta que el nombre “Puerto Bello” fue atribuido a Cristóbal Colón, quien, al arribar a la costa atlántica panameña en 1502, quedó impresionado por la belleza del lugar. Más de cinco siglos después, esa impresión sigue intacta: Portobelo continúa siendo un paraíso en tierra firme.

Según datos del Censo Nacional de Población 2023, el 31.7 % de la población panameña se autorreconoció como afrodescendiente, una cifra que refleja el orgullo y la reivindicación de la etnia negra en el país.

La devoción al Cristo Negro, cada mes de octubre, es otro de los elementos que hacen único a este destino. Miles de peregrinos llegan movidos por la fe, dinamizando la economía local y convirtiendo la festividad religiosa en uno de los eventos más importantes del Caribe panameño.

Hace 46 años, las fortificaciones de Portobelo y Fuerte San Lorenzo fueron declaradas Patrimonio Mundial por la UNESCO, en reconocimiento a su extraordinario valor histórico y arquitectónico como ejemplos de la ingeniería militar española de los siglos XVII y XVIII.

Destinos como Puerto Lindo, Isla Grande y María Chiquita también forman parte de este distrito, ampliando su atractivo con playas, gastronomía, naturaleza y turismo cultural y religioso.

Recientemente, Portobelo celebró la séptima edición del Festival de la Pollera Congo, una manifestación cultural donde los tambores marcaron el ritmo de la fiesta y mujeres, hombres y niños desfilaron con orgullo por sus calles, reafirmando la vigencia de una identidad que se niega a desaparecer.

Sin embargo, detrás de la alegría y del potencial turístico, persiste una realidad que incomoda: la falta de acceso continuo a servicios básicos, especialmente el agua potable, sigue siendo una deuda histórica con la cuna de la identidad afro panameña.

Durante actividades que atraen visitantes nacionales y extranjeros, muchos turistas deben recurrir a baños portátiles, mientras una pregunta elemental sigue sin respuesta: ¿dónde pueden lavarse las manos antes de degustar la gastronomía local? Resulta preocupante que una situación tan básica se normalice entre el repique de tambores y el movimiento turístico.

Otra deuda evidente son sus calles. Después de casi una década visitando Portobelo como periodista turística, la sensación es la misma: el deterioro vial continúa limitando la experiencia del visitante y afectando la calidad de vida de sus residentes.

No obstante, también hay avances que merecen reconocimiento. La apertura del Museo de la Real Aduana, los trabajos de restauración de la iglesia de Portobelo y la habilitación del nuevo centro de visitantes de la Autoridad de Turismo de Panamá demuestran que, cuando existe voluntad, los proyectos sí pueden materializarse.

Panamá tiene destinos extraordinarios que mostrar al mundo. Y si en el primer trimestre de 2026 el país recibió 999,934 visitantes internacionales, según la Autoridad de Turismo de Panamá, es urgente que Portobelo cuente con soluciones permanentes en agua potable, saneamiento y mejores vías de acceso para sostener su crecimiento turístico.

Portobelo no necesita compasión; necesita inversión, planificación y acción. Porque aquí no solo vive la historia de Panamá: aquí late, resiste y se proyecta la identidad afro de toda una nación.

Periodista turística