Perros mascallantas y politiquería

  • 05/09/2026 00:00

Desde muy niño, me intrigaba y desconcertaba ver a ciertos perros que, con una aparente irracionalidad, se dedicaban incansablemente a perseguir y ladrar a los automóviles. Sus dueños, preocupados por esta fijación suicida, intentaban todo tipo de estrategias y castigos para detenerlos, pero era inútil. Aun amarrados, en cuanto lograban liberarse, salían con furia incontrolable en busca de esos autos, como si su única misión en la vida fuera “vencerlos”. Trágicamente, la mayoría de ellos terminaba bajo las ruedas de un automóvil, víctimas de su propia obsesión.

Este comportamiento me lleva a comparar a estos perros con ciertos politiqueros que, lejos de dedicarse al servicio público con integridad, optan por calumniar, injuriar e insultar a sus adversarios con voces estridentes. Actúan de manera servil y rastrera, siempre al servicio de un jefe o mayoral que los maneja a su conveniencia. Al igual que los perros que persiguen autos, estos individuos están atrapados en un conflicto que solo existe en sus mentes enfermas, guiados por el odio, la venganza y la envidia.

Es curioso como estos politiqueros, pese a sus niveles educativos, parecen incontrolables, destinados a la autodestrucción. Sus jefes, al darse cuenta de que su conducta les resulta contraproducente, terminan por reemplazarlos, pues ya no sirven a los fines inconfesables que se les han asignado. Al final, su destino es el mismo: el rechazo y el repudio de la sociedad, que los ve como seres que, en lugar de construir, se autodestruyen en su afán de aniquilar a los demás.