Ocho millones y el silencio
- 27/07/2026 00:00
Hay pueblos que juran que nunca volverán a repetir su historia. Panamá sufrió el Noriegato, conoció el miedo, las detenciones arbitrarias y las desapariciones forzadas que marcaron una generación. Por eso resulta inquietante que hoy resurjan detenciones, exilios y la incertidumbre de dirigentes sindicales y el pueblo, ante los golpes de la Dictadura Civilista.
Mientras tanto, circuló en las redes el gobierno destina ocho millones de dólares a publicidad para convencer, para maquillar y para inundar pantallas con mensajes optimistas, reportajes prometiendo otra vez “chen chen” si abren la mina, “presentadores e influencers” atacando gremios o protestas, mientras los hospitales continúan enfrentando el desabastecimiento de medicamentos esenciales. La austeridad tipo Chapman, parece aplicarse únicamente al paciente que recorre farmacias sin encontrar su tratamiento. Tampoco hay plata para escuelas ni para pagar los cepadim sin robarles a los jubilados.
Como si fuera una burla, aparece una aplicación que informa la existencia de medicamentos que, no coincide con las realidades en la ventanilla de farmacias, ¡digitalizaron el no hay! No resuelve el problema del enfermo ni llena los estantes vacíos; solo intenta administrar la percepción. Es el equivalente moderno de pintar la fachada de una casa que se incendia por dentro.
Una vieja fábula enseña que el rey puede desfilar desnudo durante mucho tiempo si todos reciben algo por guardar silencio. Pero la realidad siempre termina imponiéndose. Ninguna campaña publicitaria puede sustituir el Estado de derecho, ni ninguna aplicación puede reemplazar los medicamentos o cirugías que los panameños siguen esperando.