Nuestra historia, nuestra responsabilidad

  • 11/10/2026 00:00

A 58 años del golpe de Estado del 11 de octubre de 1968, debemos mirar nuestra historia y comprender cómo llegamos a ese momento. Recordar permite reconocer errores, valorar las conquistas y aprender de lo vivido como país.

Los partidos políticos tradicionales de entonces venían perdiendo la confianza de la gente y muchas necesidades del pueblo seguían sin atenderse. La Guardia Nacional tenía cada vez más influencia y cuando Arnulfo Arias asumió la presidencia, los cambios en los mandos militares y las diferencias por acuerdos previos aumentaron las tensiones; once días después fue derrocado.

Ese hecho significó un quiebre institucional: se suspendieron garantías individuales, se disolvió la Asamblea Nacional y posteriormente se prohibieron los partidos políticos. Reconocerlo es necesario para comprender nuestra historia.

En diciembre de 1969, Omar Torrijos consolidó su liderazgo al superar un intento de desplazarlo del poder. Su gobierno impulsó un proyecto de nacionalismo popular, cuya organización política quedó plasmada en la Constitución de 1972.

La firma de los Tratados Torrijos-Carter en 1977 marcó un paso fundamental hacia la consolidación de nuestra soberanía sobre el Canal. Su negociación y ratificación estuvieron acompañadas de presiones y compromisos para abrir espacios políticos y ganar confianza dentro y fuera del país.

En 1978 tomó forma la apertura conocida como el “veranillo democrático”; ampliándose espacios para el debate público, regresaron exiliados y se establecieron condiciones para reorganizar legalmente los partidos. También hubo mayor participación de figuras civiles en el gobierno, aunque los militares conservaron una influencia decisiva.

Antes de la fundación del PRD, el Movimiento Nuevo Panamá reunía y formaba a dirigentes que respaldaban el proyecto torrijista, especialmente líderes comunales. Esa experiencia de organización fue uno de los antecedentes del Partido Revolucionario Democrático, fundado el 11 de marzo de 1979, para dar continuidad política al proyecto de soberanía y transformación social.

Hoy, esa historia nos exige responsabilidad. Para quienes creemos en un PRD socialdemócrata y torrijista, honrar nuestras raíces significa escuchar al pueblo, aceptar las diferencias y abrir oportunidades a nuevas generaciones.

La democracia se fortalece con participación, diálogo y respeto; ese compromiso debe orientar nuestro trabajo todos los días, dentro del partido y frente al país.

En diciembre de 1969, Omar Torrijos consolidó su liderazgo al superar un intento de desplazarlo del poder. Su gobierno impulsó un proyecto de nacionalismo popular, cuya organización política quedó plasmada en la Constitución de 1972.