No todo el terreno está labrado...(primera parte)
- 11/02/2026 00:00
Muchos son los factores que inciden en el bajo rendimiento de los estudiantes de primer año en la enseñanza universitaria: un nivel que le antecede “un tanto más amigable”, vinculado a edades entre los 14 y 16 años, donde aún se evidencia un cierto grado de inmadurez. A ello se suman las “grandes concesiones” que permiten algunos padres: excesiva tolerancia, disminución de la exigencia ante el estudio y la falta de responsabilidades formativas que ayuden a comprender, desde una temprana edad, el entorno social y económico.
Es poco probable que los padres deseen que los problemas que ellos mismos enfrentaron en su juventud los sufran sus descendientes. Sin embargo, muchas veces, en ese afán de evitar frustraciones, se termina debilitando la formación del carácter y el sentido de responsabilidad.
¿Por qué toda esta introducción? Me apoyaré en una de las tantas anécdotas que, a lo largo de décadas como docente, suelen repetirse para quienes seleccionamos —o simplemente aceptamos— esta profesión tan digna, aun cuando no necesariamente nacimos con la vocación de ser profesor.
Atendiendo el área de Estudios Generales, como ya conocen quienes me siguen, solía dar seguimiento constante durante años al comportamiento de la enseñanza de la matemática básica y de comunicación y lenguaje. Este acompañamiento se realizaba tanto en los cursos de verano, de aproximadamente cuatro semanas, como en los períodos semestrales, de unos cuatro meses reales.
En estas etapas se acompañaba al personal docente en el aula y, tras cada clase, se analizaba su desarrollo con el propio profesor. Cuando era necesario, conversábamos con los jóvenes sobre la importancia del esfuerzo, el cumplimiento de las tareas y la reducción de distractores que afectaban directamente su aprendizaje. (Continuará)