No todo el terreno está labrado (II parte)

  • 12/02/2026 15:35

Estas conductas no favorecían una mejor comprensión y, por ende, los resultados académicos no eran los mejores

El uso del celular, cuando no estaba vinculado a la clase, se convertía en un terrible distractor. Algo similar ocurría con computadoras o tabletas, donde algunos estudiantes “vigilaban al profesor” para cambiar de sitio web sin ser detectados.

Estas conductas no favorecían una mejor comprensión y, por ende, los resultados académicos no eran los mejores.En una ocasión dediqué tiempo a elaborar un resumen del desempeño de cada estudiante —unos 600 de primer ingreso— tras el primer corte evaluativo del semestre.

Organicé los resultados por grupos de clases, aproximadamente veinte, y con esos datos, previa comunicación con los docentes, solicitaba “robarle” unos quince minutos a cada grupo para compartir los resultados globales.Posteriormente, dentro del propio salón, conversaba estudiante por estudiante sobre los motivos de su desempeño, desde una perspectiva cuantitativa, es decir, las notas obtenidas.

Al inicio costaba que se expresaran: se miraban unos a otros, cruzaban los brazos y algunos buscaban refugio en la pantalla del celular.A medida que avanzábamos de grupo en grupo, se fue generando mayor apertura. Los estudiantes comenzaron a reconocer la falta de estudio, las ausencias injustificadas, los problemas personales y otros factores que incidían en su rendimiento académico.Íbamos “ganando terreno” en algo que considero esencial: el valor de la autocrítica.

Escuchar frases como “sí, profesor, no estudié lo suficiente y debo cambiar mi conducta” indicaba que el objetivo comenzaba a cumplirse. Sin embargo, llegó la hora cero cuando una jovencita, de unos 17 años, cuestionó públicamente el método y afirmó que, si reprobaba, podía pagar sin problema los cursos de verano.

Camino a mi oficina comprendí cuánto nos queda aún por hacer, docentes y familias, en la formación integral de nuestros jóvenes.

Profesor