¡No somos canaleros; somos panameños!

  • 04/07/2026 00:00

Uno de los saldos negativos que ha dejado nuestra participación en esta nueva versión de la Copa Mundial del Fútbol, ha sido la infeliz ocurrencia, de querer rebautizarnos con el absurdo gentilicio de “canaleros”.

En el siglo antepasado, cuando todavía no se había creado la república, imperó denominación de “istmeños”, que respondía, acertadamente, tanto a la conformación geográfica de nuestro territorio como al estatus jurídico de nuestra asociación a Colombia.

En 1903, al constituirnos en una nación soberana, en el primer artículo de nuestra primera Constitución, puede leerse: “El pueblo panameño se constituye en Nación independiente y soberana, regida por una Gobierno republicano y democrático, bajo la denominación de la República de Panamá.” Y el artículo 6, primero del Título II, “Nacionalidad y ciudadanía”, comienza así: “Son panameños”. Y, a renglones seguidos se especifica quienes y bajo qué condiciones lo son.

Porque es una realidad, y sin que debamos sentir que ese hecho nos disminuye, nuestra independencia en 1903, en gran medida la determinó el interés de los Estados Unidos por construir el Canal. También es un hecho que el canal ha sido central para nuestra economía y desarrollo como nación; pero también es un hecho, igualmente cierto, que “Panamá es mucho más que el canal”.

Las luchas de las generaciones precedentes, por consolidar nuestra integridad territorial nos trajeron hasta nuestro momento presente; a las actuales y futuras corresponde afianzar la nacionalidad y consolidar nuestra independencia. Pero para avanzar en ese camino, si de algo no necesitamos es proyectarnos como la “república canalera”: Primero, porque nuestra geografía no se circunscribe a las 500 millas cuadradas de la antigua zona del canal; segundo, porque en nuestro territorio existen, comenzando por los asentamientos de los grupos étnicos originales, con sus respectivas circunscripciones que muy poco o nada tienen de “canaleros”, otras provincias que, igualmente, poco o nada han tenido o tienen que ver con el canal y las que, por su sola desvinculación geográfica, no les cabría ese absurdo gentilicio; y tercero, porque reducirnos a la categoría o condición de “canaleros” si a algo contribuye es a dar la impresión, por degradante y colonialista, de que en esta tierra nuestra todos nacemos, vivimos y morimos por y para el canal.