¡No hay demasiados taxis; sino demasiadas bellaquerías!
- 21/02/2026 05:50
En hasta 90,000 se estiman los cupos para taxis otorgados por el Estado que, aunque en principio no tienen costo, es harto conocido que se consiguen, se acaparan, se traspasan y se trafican, previo los correspondientes “engrases”.
De un tiempo a esta parte, especialmente en los últimos 10 años, una de las modalidades introducidas es la venta financiada de vehículos para taxis. Un grupo muy importante de “empresas”, con la etiqueta de “concesionarias” ofrecen vender las unidades en plazos de 2 a 4 años, mediante el pago de una cuota diaria que oscila entre los 35 y los 45 balboas. A los compradores se les entrega un vehículo que, como son comprados por lotes por los vendedores, su precio promedio debe estar por debajo de los 10,000 balboas; pero los compradores, si se proyectan las cuotas diarias por los plazos de la operación, terminan pagando, como mínimo 30,000. Y, adicionalmente, cuando han pagado el vehículo, tienen que comprar el cupo por, como mínimo, otros 2,000 balboas.
Para pagar las cuotas diarias que les imponen “las llamadas concesionarias”, comprar combustible y aceites y poder llevar algo a sus hogares, las víctimas de estos atracos, deben trabajar, como mínimo, de 12 a 14 horas diarias, con la consecuente imposibilidad de un mínimo de vida familiar.
¿Por qué se siguen permitiendo y patrocinando estas bellaquerías? A las autoridades responsables de supervisar el transporte público, esencial para desplazamiento de centenares de miles de compatriotas, precisamente de los sectores más vulnerables, le corresponde contestar a esa interrogante.
La solución, que la he propuesto antes, es sencilla: 1) Cancelar todos los cupos otorgados a personas que no manejan o los tienen acaparados, 2) Ofrecer comprar a las llamadas “concesionarias”, por sus valores reales, los miles de vehículos de “sus flotas”, 3) Conceder préstamos a los conductores, a través de la Caja de Ahorros o el Banco Nacional, para que adquieran los vehículos. Las cuotas que pagarían, con seguridad, no serían mayores de 15 ó 20 balboas diarios.
Los conductores prestatarios no tendrían que bregar por 12 ó 14 horas; les bastaría con 8 ó 9. Se reduciría la cantidad de vehículos rodando a la vez; sus operadores recobrarían vida familiar; ganarían los usuarios y se acabaría con una infame pillería. ¿Se atreverán las autoridades?