Mareados por los volados a la cabeza

Contra las cuerdas
  • 03/04/2026 00:00

Panamá está protagonizando una pelea de pronóstico reservado, moviéndose con pesadez sobre una lona que quema. El istmo, que antes deslumbraba con un juego de piernas envidiable y una pegada de doble dígito en el crecimiento, hoy se ve acorralado por la carestía.

La esquina gubernamental intenta refrescar al peleador con discursos de esperanza, pero el sudor que corre por la frente del país es de pura angustia financiera. El combate se ha complicado: la informalidad laboral le conecta un cabezazo tras otro a la seguridad social. No hay técnica que valga cuando el tanque de oxígeno está vacío; la deuda ha subido tanto de peso que Panamá ha perdido esa agilidad que lo hacía el campeón de la región, y ahora cada golpe que recibe del mercado externo se siente como si le pegaran con cemento.

La clase trabajadora, desde las gradas, observa con los nervios de punta cómo el costo de la canasta básica le mete un gancho al hígado tras otro, dejando al ciudadano común buscando aire en un rincón. El cierre de esta pelea será de infarto, pues el país se tambalea, pero se niega a poner una rodilla en el suelo, aferrándose al orgullo de su posición geográfica. Para evitar el nocaut, el equipo debe dejar de tirar golpes al aire y concentrarse en una disciplina que elimine la corrupción y fortalezca la pegada de la transparencia.