Las caras de la corrupción

  • 08/05/2026 00:00

La corrupción se incrustó en lo más profundo de la sociedad panameña, al punto que se ha convertido en un problema que abarca todas las capas sociales del país. Resulta fácil para muchos responsabilizar de la corrupción al sector político, aduciendo que allí se origina el problema, no obstante, la realidad objetiva indica que este flagelo posee tentáculos más profundos y enraizados.

Para percibir la corrupción no hay que tocar la yaga en una institución del Estado, ya que hasta en el deporte vemos como se amañan partidos en ligas que ni siquiera son completamente profesionales. Cuesta pensar que en la Liga Profesional de Fútbol (LPF) existan vicios de irregularidad donde se amañen partidos con el fin de lucrar en apuestas, a pesar de la baja audiencia y la poca asistencia a los estadios.

Otro ejemplo, se denota en la desesperación que tienen los policías de tránsito en la interamericana para canjear boletas a cambio de coimas, haciendo de esta actividad un segundo salario. Tal vez, esta práctica sea una forma en que la institución permite una remuneración disfrazada, a cambio de la tranquilidad de los agentes que a diario arriesgan sus vidas sobre el intenso sol y la lluvia, en las calles de Panamá.

Entre tanto, el interés marcado de la clase empresarial en la política, podría deberse a que no poseen realmente actividades económicas tan privadas como pregonan, que les permitan desconectarse del sector público y renegar de sus mieles. Para que haya un funcionario corrupto, tiene que haber un particular, igualmente, corrupto.

Otra variante de la corrupción, resulta de la ambigüedad sobre el criterio de qué es corrupción y qué no. A menudo los gobernantes apuntan a la corrupción dependiendo de quién la práctica. Para los amigos y allegados se trata de negocios, sin embargo, cuando lo hacen otros se trata de corrupción. Términos como lobistas, asesores o inversionistas influyentes a la teta del poder, a menudo son camuflajeados en el engranaje gubernamental, lucrando a dos manos.