La tensa calma

  • 30/01/2026 00:00

El Davos de Latinoamérica se desarrolla en Panamá con la presencia de siete jefes de Estado de América Latina y el Caribe, reunidos para abordar temas referentes a la integración de la región y desafíos comunes. Paralelo a ello, detienen y formulan cargos en contra del exvicepresidente José Gabriel Carrizo, al tiempo se lleva a cabo el juicio del emblemático caso Odebrecht, que involucra a dos expresidentes de la República y a un número importantes de exministros.

Emulando la escena de El Padrino, donde Michael Corleone bautiza a su sobrino, mientras se lleva a cabo una serie de ajustes de cuentas. Con la diferencia que acá, no hay asesinatos sino procesos judiciales, algunos con casi una década de retraso; en donde las sucesivas administraciones de gobierno terminaron embarrándose en la misma maraña, dejando a su paso una estela de coincidencias dentro de una trama, cuasi detectivesca.

El problema está en la junta de embarre que enlodó a varias administraciones de gobierno, ya que el efecto cíclico de Panamá hace que la rotación en el turno político favorezca el retorno al poder de los mismos colectivos tradicionales. En esta ocasión, el reto impuesto por las actuales autoridades se centra en expurgar el churú sin hervir el arroz con cáscara, dentro de la misma paila; lo que obliga a tomar decisiones incomodas para el hígado, debido a que, tal vez, el destino de un grupo termine ligado al del otro, para bien o para mal.

De pronto, los expresidentes Ricardo Martinelli y Juan Carlos Varela comienzan a conciliar posiciones con relación a sus casos comunes, al tiempo que Carrizo recibe un trato gentil por parte de Martinelli y de José Luis Varela; mientras que el presidente José Raúl Mulino adopta al Partido Panameñista como suyo, a través del liderazgo emergente encabezado por Jorge Herrera, aliado y estrecho colaborador de los hermanos Varela, en el pasado verdugos políticos de Martinelli y Mulino, con lo que se reafirma que nada es personal.