La sacudida de un viernes
- 14/10/2026 00:00
Un caluroso viernes 9 de octubre quedará grabado en la memoria de los panameños y los extranjeros que nos encontrábamos en Panamá.
Algunos estábamos laborando en edificios, en hospitales, en centros escolares; otros, en nuestros hogares, lejos o cerca del epicentro del terremoto, cuando sentimos cómo se movía la tierra. En ese momento, la adrenalina tomó control de todos y sobrevivir fue el principal impulso que nos hizo actuar y movilizarnos.
En mi caso, ya fuera del edificio donde vivo, me sentí vulnerable y tuve la siguiente reflexión: los seres humanos nos creemos poderosos y controladores de los destinos, pero, en estos instantes, no somos nada. Importa la vida, nuestros seres queridos, todas las personas.
La mañana del 10 de octubre, tras la vigilia que nos acompañó durante toda la madrugada, pudimos admirar que la gran mayoría de las edificaciones de nuestro país estaban de pie. Digo con todo respeto que la mayoría, porque soy consciente de las pérdidas económicas de aquellos lugares más cercanos al epicentro del sismo (Los Santos, Herrera, Coclé, Colón y Chiriquí).
Nos toca recuperar la calma y volver a vivir nuestro presente sintiendo las réplicas que cada vez se distancian más en el tiempo, diferenciando con mayor calma aquello que podemos controlar y lo que escapa de nuestro control. Por poner un ejemplo, depende de nosotros cumplir las indicaciones y tener una bolsa de emergencia cerca de nosotros.
Una vez más tranquilos, tratamos de entender cómo y por qué vivimos esto. También vemos cómo la solidaridad humana se presenta y cómo los integrantes de Protección Civil y los vecinos se ayudan unos a otros y nos preparamos para la recuperación.
La recuperación nos hace más conscientes de lo que es inútil y lo que es verdaderamente importante.