La modernización de la educación
- 07/04/2026 00:00
Todo da muestras de agotamiento. Necesitamos una nueva constitución; reestructurar el sistema de salud, las reglas laborales, la política exterior y el funcionamiento de la justicia y de la seguridad pública. La educación no queda fuera del listado, sino que a ella le dedicaremos algunas líneas explicando las razones de su especial urgencia. Vivimos en mundo turbulento, y con tensiones en extremo irreconciliables, que auguran el fin de la especie humana. Hoy más que nunca necesitamos recuperar la capacidad de razonar, como paso inicial para recuperar todas aquellas habilidades, sentimientos y visión de la realidad que nos hacen sentirnos orgullosos de ser humanos.
El fracaso de la educación oficial es difícil de ocultar. No seduce ni divierte, y desde hace rato perdió la fuerza para despertar el espíritu rebelde que habita en los niños, adolescentes y jóvenes. Ese que les reta a dudar de todo, a indagar la realidad y a pensar en cambiar el mundo. Los retos de la educación terminaron reducidos en “graduar”, entendiendo este propósito institucional como sinónimo de “ajustar y programar” el ánimo de los estudiantes, hasta llevarles a conformarse con el mínimo esfuerzo.
Mucha culpa tiene la alta tecnología pues el acceso fácil y veloz a la información, han anulado la necesidad de construir nuestras propias verdades sobre sí mismo y la realidad. Lo cierto es que sin importar que la intensión fuera deliberado o no, ha sido exitoso el proceso de inutilizar la capacidad creativa, cognoscitiva y comprensiva del estudiante, hasta convertirle en un ser indiferente y egoísta, incapaz de percibirse en una dimensión colectiva, humana y solidaria.
Si la educación formal asegura que nuestros relevos generacionales sean incapaces de leer y escribir, el país soñado morirá en su cuna. Cuando escucho a los expertos analistas explicar, que en poco tiempo el país vivirá un auge económico nunca antes vivido, esa profecía me llena de preocupaciones, pues imagino que nuestros jóvenes sólo mirarán de lejos, que una vez más nuevos aventureros foráneos saquearán nuestras riquezas. Si funcionarios, docentes y padres de familia no advierten la gravedad de este problema, con generaciones mal educadas, nuestro futuro es ser sometidos a nuevos “cazafortunas”.