¡La justicia usada como arma política!
- 22/02/2026 00:00
En democracia, la justicia debe ser garantía de equilibrio, no instrumento de confrontación. Nadie debe estar por encima de la ley, y todo servidor público tiene la obligación de responder ante ella, pero cuando las acciones judiciales se concentran reiteradamente en un mismo sector político y en liderazgos territoriales visibles, el impacto deja de ser individual y adquiere una dimensión institucional.
Además de personas, se trata de representación de comunidades que eligieron autoridades y del equilibrio de fuerzas que sostiene la pluralidad democrática.
Hemos sido claros, las investigaciones deben avanzar con transparencia, pruebas y pleno respeto al debido proceso. Esa es la base del Estado de derecho, lo que no puede ocurrir es que la justicia pierda su carácter imparcial y termine siendo percibida como herramienta de reconfiguración política.
Cuando la ley se interpreta como mecanismo de “arrinconamiento” y no como instrumento de equilibrio, la confianza ciudadana se erosiona.
Las democracias consolidadas no eliminan adversarios por la vía judicial; compiten en las urnas, debaten ideas y respetan reglas claras. La fortaleza institucional no se construye debilitando estructuras de representación popular, sino garantizando igualdad ante la ley, sin selectividad ni cálculo.
Hoy más que nunca el país necesita serenidad, confianza y responsabilidad. Defender el debido proceso no es defender impunidad, es defender garantías para todos, ya que las reglas que hoy se apliquen a unos, mañana serán normas para todos.
La justicia debe ser balanza, no espada. Porque cuando se convierte en arma política, quien pierde no es un partido, pierde la democracia.
Y en medio de este debate institucional, también hay una verdad humana, las organizaciones y los pueblos se prueban en la adversidad.
En otros momentos también hemos enfrentado situaciones complejas, y de seguro vendrán más. Cada golpe nos ha enseñado a levantarnos con más dignidad y mayor conciencia.
Hoy no respondemos con miedo, lo hacemos con unidad y con la frente en alto; volveremos a caminar juntos, más fuertes y comprometidos con el país, porque cuando la convicción es más grande que la tormenta, ningún obstáculo puede detener el paso de quienes creen en el proyecto.