La importancia de leer

  • 19/01/2026 00:00

En el canal Antena 3 de España se transmite a diario un programa muy peculiar, que ya lleva dos décadas dando la tabarra y que se llama “El Hormiguero”. Lo dirige Pablo Motos y consiste en entrevistar a personalidades de todo el mundo, independientemente de su procedencia. Generalmente pertenecen a lo que podríamos llamar la farándula, aunque no faltan figuras políticas, escritores reconocidos o cocineros emblemáticos.

En algunos programas, el intercambio entre el conductor y el o la invitada se complementa con una tertulia en la que suelen participar el recientemente galardonado con el Premio Planeta, Juan del Val, y la siempre estridente Tamara Falcó, hija de Isabel Preysler.

Recientemente han desfilado por ese espacio Arturo Pérez-Reverte, quien rompió récords de audiencia; Dan Brown; la propia Isabel Preysler; Felipe González; el cocinero Karlos Arguiñano; Álvaro Morte —el profesor de La Casa de Papel, que personificó a Adolfo Suárez en la serie Anatomía de un instante—; Antonio Banderas y Can Yaman, protagonista de El turco, estrenada hace pocos días. El programa es siempre dinámico y aleccionador, aderezado por los títeres Trancas y Barrancas, que intervienen con preguntas y comentarios hilarantes, de donde proviene el nombre del espacio.

La semana pasada estuvo Antonio Banderas, quien relató sus orígenes humildes y el camino que recorrió hasta hacerse un nombre en el cine y el teatro. Me conmovió que, en la cúspide de su fama y fortuna, hiciera un llamado a la importancia de la lectura desde la infancia, como una forma de combatir ese mal que hoy se atribuye a tantos niños: el déficit de atención. Quien se acostumbra a leer no solo crece intelectualmente, sino que se convierte en una persona mejor, se expresa con mayor fluidez y estructura con claridad sus ideas y pensamientos.

La lectura, que hoy se pierde vertiginosamente ante la inmediatez de TikTok e Instagram, sigue siendo el arma más poderosa para los habitantes de este planeta, cada vez más amenazado por la pérdida de valores que, a pasos agigantados, avanza en casi todos los países del mundo.