La gran conexión

  • 20/08/2026 00:00

Operación ancho de banda: si cruzamos Panamax a milímetros, podemos conectar a un niño

​Regalar laptops a escuelas sin internet es la versión pedagógica de regalar automóviles de lujo en una isla sin carreteras. Un show mediático bellísimo para la foto oficial, pero un monumento al absurdo. Las laptops son secundarias, chatarra electrónica en potencia. La tubería digital es la urgencia real.

Fuimos capaces de diseñar y construir el Canal Ampliado, obra colosal parida por la pura audacia nuestra, que hoy factura más del 50 % de los ingresos transitables.

Guiamos el comercio marítimo del planeta con satélites y tecnología de punta, pero dejamos a miles de estudiantes esperando a que la señal de una torre lejana decida hacer un milagro. Mantener al 70 % de los planteles desconectados no es un reto geográfico; es un desinterés coordinado.

​1. Operación infraestructura neutra: decretar la emergencia

El internet escolar debe declararse infraestructura de seguridad nacional. Se obliga a los operadores a compartir sus torres y se despliega internet satelital de baja órbita donde la fibra no llegue. Si hay señal para cobrar un impuesto o transmitir un partido de fútbol en la montaña, tiene que haber ancho de banda para el aula. Punto.

​2. Financiar la tubería; no la chatarra

Congelar las compras millonarias de computadoras que terminan acumulando polvo en depósitos sin luz o usándose como pisapapeles de $800 balboas. El presupuesto del MEDUCA debe ir directo a contratar gigabytes por segundo, simétricos y dedicados. Financiar la tubería; no el adorno. De nada sirve el dispositivo más moderno, si lo único que despliega en pantalla es el dinosaurio de “Sin conexión”.

​3. El semáforo de la vergüenza pública

Monitoreo ciudadano en tiempo real. Un mapa interactivo abierto donde cualquier padre de familia vea si la escuela de su comunidad tiene velocidad en verde o si la proveedora cobra por un servicio fantasma en rojo. Si el internet cae, la multa al proveedor se ejecuta por descuento automático.

​Falta dejar de tratar la conectividad educativa como una regalía opcional y empezar a gestionarla con el rigor técnico y el orgullo con que operamos las esclusas de Cocolí.