La fábrica de Pulitzer instantáneos
- 27/05/2026 17:38
A los futuros comunicadores universitarios les toca aprender a usar la IA como herramienta y no como muleta
La inteligencia artificial llegó como una calculadora elegante para ayudar a escribir, corregir, ordenar ideas y acelerar procesos. Pero en algunos rincones del oficio periodístico terminó convertida en incubadora de egos inflados y diplomas imaginarios. Hoy abundan los “periodistas” que jamás han sentido el sudor de una cobertura bajo lluvia, ni el miedo de preguntar algo incómodo en una conferencia, ni el vértigo de un despacho en vivo o de cerrar una página contra el reloj.
Sin embargo, hablan como si ya merecieran un asiento entre Premio Pulitzer y las grandes redacciones del continente.
Son los nuevos gallos digitales que cacarean huevos de gallina ajena. Le piden a la IA que “mejore”, “corrija”, “reescriba”, “potencie” y hasta “humanice” un texto veinte veces seguidas, creyendo que cada clic los convierte en maestros del periodismo. Lo cómico es que la máquina obedece porque fue diseñada para obedecer, no porque el texto estuviera mal. Si usted le ordena cien veces que le dé la vuelta a una oración, cien veces lo hará, como un espejo entrenado para complacer vanidades.
Lo preocupante no es usar inteligencia artificial. Lo peligroso es la adicción mental que provoca en algunos. Terminan creyéndose más brillantes que periodistas probados, premiados y curtidos en calle, micrófono y libreta. Y entonces nace la arrogancia: corregir a quien sí conoce el oficio desde la experiencia y no desde el Wi-Fi.Pero el tiempo siempre acomoda los muebles de la realidad. Bastará un apagón, un celular sin batería o una caída del internet para descubrir quién sabe escribir... y quién solo sabía pedir comandos.
A los futuros comunicadores universitarios les toca aprender a usar la IA como herramienta y no como muleta. Lean, investiguen, salgan a la calle, entrevisten, fallen, escuchen y desarrollen criterio propio. La tecnología ayuda; el talento, la ética y la sensibilidad humana siguen siendo irremplazables.
Profesor, investigador, periodista