La desconfianza debilita la institucionalidad

  • 26/04/2026 00:00

El descenso de la credibilidad institucional no es un síntoma menor, tiene efectos profundos: reduce la participación, debilita la democracia y abre espacio a salidas autoritarias. La evidencia es clara, la confianza es un pilar fundamental para el buen funcionamiento del Estado y la estabilidad democrática.

Hoy en Panamá, no estamos ante hechos aislados, estamos ante señales que afectan directamente la confianza en las instituciones; y cuando eso ocurre, lo que se pone en riesgo no es un gobierno, es el Estado mismo.

El caso del Parlacen es una primera alerta. Una solicitud presentada desde octubre de 2024 que, y aún hoy, después de 18 meses, no ha sido resuelta, deja de ser un trámite pendiente y se convierte en un problema de institucionalidad.

Cuando una institución no responde, genera: molestia, incertidumbre jurídica y debilita la credibilidad en las leyes. Y cuando las reglas no se cumplen, la institucionalidad empieza a perderse.

Existe una segunda señal, aún más delicada, la irrupción de la Contraloría General de la República en una diligencia del Ministerio Público. Aquí el problema no es la existencia de ambas instituciones, sino el límite entre sus funciones.

La Contraloría fiscaliza; el Ministerio Público investiga. Cuando esa frontera se cruza, no se fortalece el Estado, se debilita.

En un caso, la institucionalidad se afecta por omisión; en el otro, por extralimitación. Y ambos caminos conducen al mismo punto, la pérdida de confianza.

La ciudadanía no analiza tecnicismos legales, percibe si las instituciones funcionan, si responden y si respetan sus límites; cuando no lo hacen, la democracia no se rompe de un golpe...se desgasta lentamente.

En América Latina esta crisis de confianza no es nueva, pero sí cada vez más profunda; afectando la relación entre el Estado y la sociedad.

Aquí no se trata de defender posiciones ni nombres; se trata de preservar el equilibrio institucional que sostiene al país.

La institucionalidad no se destruye de un día para otro, se debilita cuando no responde... y se rompe cuando se extralimita.

Y cuando la confianza se pierde, lo que cae no es una institución... es la base misma del Estado. Debemos estar vigilantes, defendiendo la institucionalidad del Estado.

En América Latina esta crisis de confianza no es nueva, pero sí cada vez más profunda; afectando la relación entre el Estado y la sociedad.