La crisis del gremialismo abogadil panameño
- 11/08/2026 00:00
A cerrar filas para construir un fuerte unidad gremial entre los abogados
El 9 de agosto de 1817 nació don Justo Arosemena, y en su honor la Ley 8 de 16 de abril de 1993 se declaró el Día del Abogado. Sus ejecutorias en la vida pública, en la vida pública como político, jurista, intelectual, patriota y nacionalista le ha merecido el honroso título de Padre de la nacionalidad, ejemplo que hoy debe inspirar especialmente, a los abogados panameños.
Los abogados siguen siendo protagonistas de primera línea en los complejos procesos de consolidación de la democracia. Sólo que repentinamente “y a balazo”, se empezó a deteriorar la imagen del abogado, cuando ya aparecemos constantemente en esos encabezados noticiosos que cuestionan sus competencias académicas y capacidades profesionales, y sus vinculaciones directas a grandes desfalcos de fondos estatales.
La comunidad lo asimila como algo cierto, pues celebra esos chistes sobre las falta de honestidad y credibilidad intelectual de los abogados, en los que es gracioso asimilarnos como vulgares delincuentes callejeros.
Y como siempre, “pagan justos por pecadores”. Abundan los casos de abogados honestos que sudan “la gota gorda” por atender sus casos, mismos que resiente en silencio los reproches sociales.
Este problema ascendió al nivel de “de crisis”, cuando se llegó al punto en que la colectividad se atreven a usar sus cartuchos de moralidad, para juzgarnos sin misericordia.
Toca “aguantar callados”, pues carecemos de fuerzas individual y grupal como para defendernos. La debilidad que demostramos, nos coloca en los primeros lugares de los profesionales a los que arrasará la crisis económica, y se pueden contar por miles, el número de estudiantes con pocas posibilidades de insertarse al cerrado mercado laboral.
Si es baja la calidad de los abogados al servicio del Estado, entonces lo será también las leyes producidas; los procesos judiciales, y los trámites de los servicios públicos que se prestan.
Los abogados en general y sus organizaciones en especial, parecen no advertir la gravedad del problema, pues “cada cual camina por su lado”, creyendo que es más fácil “salvarse en solitario”.
En estos momentos angustiosos, la única forma digna de celebrar a don Justo, es cerrar filas para construir un fuerte unidad gremial entre los abogados.