La corrupción y las agendas gubernamentales
- 14/07/2026 00:00
En tiempos difíciles, la gente común necesita de mayor atención estatal. y cuando no hay medicinas ni equipamiento en las escuelas, nadie les quita que la plata se la robaron. Este es un mal endémico imposible erradicar, por la falta de controles estatales, por la complicidad ciudadana, o porque llegamos al punto en que para concretar pactos políticos, deben estar claros los términos del “qué hay p´a mí”.
La contraprestación del apoyo “político electoral” recibido, está asegurada en los programas de obras públicas, notarías y consulados, altas posiciones gubernamentales, y de todo aquello de lo que dimanen recursos, privilegios y prebendas. Por eso que como el pobretón sólo puede comprometer su voto, con “un salve” y una gorra queda recompensada su valiosa contribución.
La paralización socio política, genera que “opositores y oficialistas” surjan de las disconformidades o complacencias de “entre donantes”, y no sobre la ejecución de planes de gobierno o decisiones de Estado que benefician o perjudican los intereses de esas facciones.
Los gobiernos que así se conforman, adolecen de una severa fragilidad que les incapacita para suscribir acuerdos políticos a largo plazo. Los “círculos íntimos” cada día son más exigentes, al punto que pueden llegar a amenazar con paralizar el aparato estatal.
Esta incertidumbre amarra las manos del gobernante para gestionar con equilibrio p. ej., las demandas del empresariado y del sector obreril, o las de las comunidades en condición de precariedad y el gobierno. Por el contrato de un metro de carretera, o de un puente que se pretenda construir, se desatan cruentas luchas por su control, resueltas a veces “en palacio”, y otras veces pueden hasta disolver los pactos.
Así que los que hasta ayer eran aliados fraternos, para las siguientes elecciones encabezarán “cruzadas justicieras electoreras”, pidiendo cárcel para aquellos ex funcionarios que no les cumplieron. Es una confrontación entre nuevos y antiguos funcionarios, mismos que sólo meses atrás y con la fuerza de sus chequeras, pavimentaron el camino al ex gobernante.
Por tal en Panamá, la búsqueda de soluciones consensuadas, es casi una “misión imposible”, pues atender las diferencias entre facciones de corruptos, se convierte en la prioridad en las agendas gubernamentales.