La Colina, ¿una corona de espinas?
- 23/04/2026 00:00
No me preguntes cómo entraste en una institución, sino cómo sales. Esta premisa es la vara con la que se mide la posteridad. Al finalizar un periodo, lo relevante no es el punto de partida, sino haber llevado la nave a puerto seguro. Nonagenaria, la Universidad de Panamá se enfrenta a un dilema existencial: ¿Qué se juega este 2026 en La Colina, en una república que crece en los números, pero sangra en los bolsillos?
Panamá presume de una economía robusta y estable, con un crecimiento del PIB que es la envidia de la región; sin embargo, esa macroeconomía de vitrina convive con una microeconomía que es un desastre para el ciudadano de a pie. En este escenario, la universidad es el vientre materno del intelecto nacional. Gradúa cada año a más de 13,000 profesionales (mujeres son el 83% de las promociones en facultades como Empresas y Contabilidad). Este ejército de graduados sale a un mercado que no pide cartulinas, sino competencias en un entorno de asfixiante informalidad.
La gestión saliente de Flores Castro deja un legado que es su mejor defensa frente al juicio del tiempo. La institución apostó por la investigación, liderando con más de 260 publicaciones indexadas anuales en Scopus y democratizando la carrera, con 979 nuevas cátedras.
Este éxito choca con un Ejecutivo, que ha pasado al ataque directo. La autonomía universitaria es hoy una cáscara formal: se goza de libertad académica, pero se padece una asfixia financiera. El Gobierno interviene la institución a través del grifo presupuestario.
Que el próximo liderazgo impulse una ley que le otorgue a la universidad un porcentaje fijo del presupuesto nacional para blindar la ciencia de los vaivenes políticos.
El 1 de julio, el claustro decidirá entre José Emilio Moreno, Migdalia Bustamante, César García, Denis Chávez, Corina Coronado o Roberto Ah Chong. El país siente ansiedad porque teme que el claustro se incline a votar por conveniencia gremial, mientras la nación necesita un estratega con el carisma y la madurez para romper el cerco financiero y encaminar la nación hacia una educación que atienda un clima desafiante. Quien gane recibirá una corona de espinas; no de laureles.
¿A quién le darías el voto?