La afición, agobiada por tanto castigo

Contra las cuerdas
  • 08/07/2026 00:00

En una esquina está el pasajero de a pie, que sale a la calle con la guardia arriba, cansado y con la billetera flaca. En el rincón del frente está un sistema deficiente que conecta golpe tras golpe: el monarca del transporte público demora una eternidad, los buses “piratas” tiran ganchos al hígado cobrando tarifas excesivas y los selectivos rematan con el “no voy”.

El réferi de este encuentro no está dando la talla. Mientras mira para otro lado, los usuarios reciben un combo ilegal: largas filas bajo el sol soberano y aguaceros que los dejan desprotegidos.

Subir a un bus ya no es un viaje normal, es un “clinch” de peso pesado. La gente viaja apretada, costilla contra costilla, defendiendo el espacio vital para no caerse. Y si el pasajero intenta esquivar el problema usando un transporte alternativo, el bolsillo sufre una trompada fulminante con el famoso “paga lo que pido o te bajas”.

El usuario panameño sigue aguantando; está pagando su pasaje a tiempo y recibiendo a cambio un servicio que debe mejorar. Es hora de que las autoridades pongan orden en este tinglado, porque el pueblo ya no tiene piernas para soportar tantos asaltos a su dignidad y a su tiempo.

A este paso, el mal servicio nos va a mandar directo a la lona. Hay que solucionar esto pronto.