¿Ilusión, gusto o deseo?

  • 26/08/2026 00:00

Apoyándome en mi valioso amigo el diccionario, busco el significado de esas tres palabras:

• Ilusión. “Sentimiento de alegría y satisfacción que produce la realización o la esperanza de conseguir algo que se desea intensamente”

• Gusto. “Satisfacción o placer que algo produce en una persona”

• Deseo. “Interés o apetencia que una persona tiene por conseguir la posesión o la realización de algo”

De extraer elementos que se destacan en las tres definiciones antes referidas, encontramos las palabras: satisfacción, interés, realización.

¿Deseos? Desde lo material, lo espiritual, lo carnal, que pueden “gustarse” todos, pero que están regido o priorizados por factores económicos y de salud prioritariamente, pero que a la vez se conjugan, por ejemplo: “Me hubiese gustado comprarme unos... pero, ... fue necesario realizar un reordenamiento para la compra de medicinas...”

Interés, apetencia, placer que puede en el tiempo, variar pero que, a la vez tras un esfuerzo de prioridad, darte el gusto en lo personal o a seres queridos - esposa, hijos(as), padres, hermanos(as), amigos(as) -, ¿graduarse de uno de los subsistemas educativos?, para lo cual fue necesario invertir en la compra de cuadernos, libros, uniforme, que de subir la parada económicamente implicaría recursos tecnológicos, los cuales denominaría deseos “cortos”, pero cuya sumatoria, representa un alto grado de satisfacción a quienes realizaron un alto esfuerzo en apoyar a esa persona.

¿Y al largo plazo? En lo material, lo que una vez no pudiste lograr y tras años, lo conseguiste: un viaje, una casita, un título; en lo espiritual, tu familia unidad, gozando de salud, que crece y que se llena de nietos y bisnietos; un matrimonio en el cual perdura producto de la comunicación, la confianza, el amor.

Satisfacer deseos no resultan tan sencillo como frotar una lámpara y solicitarle al genio1 uno y otro deseo, que, por ser un cuento, esta logra inculcar en los menores “sueños fáciles” de lograr, cuando realmente no es así, que, por supuesto se “justifica” ante la vida fantasiosa de los niños y niñas, que en muchos casos suele ser excluyentes dada las condiciones económicas y de educación en el seno familiar.

Pero más allá de las desigualdades – que subsisten y seguirán subsistiendo, desfavorablemente – pero que se pueden reducirse con mucho esfuerzo, dedicación, perseverancia, estudios, recuerde que “soñar no cuesta nada”, sin embargo, satisfacer un deseo sí (cualquiera sea su naturaleza) y que, de cumplirlo, esa noche dormirá feliz, sin la necesidad de una lámpara, ni genio.