Ignorancia inexcusable detrás del telón
- 01/01/2026 17:17
Realmente, estamos ante una muerte política anticipada en la escena panameña
Uno de los errores más desastrosos de la democracia es que el pueblo —los votantes— es llevado a las urnas sin mayores elementos de convicción sobre el perfil de quienes va a elegir. Bastan caras bonitas, cuerpos esculturales y ropa de clase en el caso de las damas; y, en los varones, un buen discurso, bailoteos populares, poses demagógicas, ponerse zapatos, zapatillas, botas, medias, chancletas o pantuflas, emulando lo que usa el pueblo, hasta comer duros en una vereda. Puede tratarse del ser humano más ignorante, con una instrucción precaria, pero si sigue el guion, entonces se garantiza su elección.
A nadie le interesa —ni siquiera se pregunta— si el candidato posee un mínimo de formación, no solo política, sino académica, en áreas como historia, cultura, derechos humanos, ideologías, economía o formación religiosa. Tampoco importa si el elegido tiene valores morales, familiares o educativos. Lo que pesa es si es mi amigo, conocido, “se ve bien”, amigo de la familia o de algún allegado, para darle el voto y llevarlo al ejercicio del poder, sin advertir que se trata de un pésimo y lamentable error.
¿Cuántos de los que hoy ocupan curules en la Asamblea Legislativa o cargos en los consejos municipales, compuestos por representantes, podrían levantar la mano y responder adecuadamente una interrogante tan simple como: “¿Cuál fue el primer emperador de Roma?”, sin consultar al amigo Google? De seguro, algunos más atrevidos y deseosos de taquillar, en poses de eruditos, responderían que Rómulo.
Por lo dicho hasta aquí, en este hilo de análisis hemos llegado al nudo del asunto: la alcaldesa de Arraiján y su desastrosa actuación del sábado pasado, al destruir un monumento. Ni ella ni nadie de su equipo advirtió que estaban destruyendo historia, cultura, enseñanzas milenarias, imagen pública y también su efímera vida y futuro político. Ninguno de los que, en reuniones previas, la fueron induciendo —y que ella deberá identificar ante la Fiscalía— ha salido ni saldrá hoy en su defensa. Esto no fue advertido ni por ella ni por su equipo.
¿Cómo es posible que, si es cierto que existía un dictamen pericial de su Departamento de Obras y Construcciones, no se oficiara a la SPIA, a la Universidad Tecnológica o a la Comisión del Canal para realizar un estudio geofísico que corroborara el dictamen de un ingeniero, quien hoy debería estar siendo citado por la Fiscalía?
¿Dónde estaba la alcaldesa, que no se percató de que esta acción debía ser consultada con la Cancillería, aunque fuera por cortesía y prudencia; además, consensuada con la comunidad china y ejecutada con total transparencia, y no bajo el amparo de la oscuridad de la noche? ¿Cómo es posible que nadie le advirtiera que estaba obligada a someter el famoso dictamen pericial a la discusión y consideración del Consejo Provincial, para que hoy pudiera exhibir en su defensa un documento de aval?
Realmente, estamos ante una muerte política anticipada en la escena panameña, producto de una lamentable ignorancia que no tiene justificación alguna. Casos como este deberían servir de lección al electorado para no volver a cometer el mismo error al elegir. Sin embargo, confieso que no tengo ninguna esperanza de que, en 2029, la historia no se repita.
Analista