Ganchos al hígado y volados a la cabeza
- 31/05/2026 00:00
Panamá sube al tinglado todas las mañanas con la guardia arriba, pero el rival que tiene enfrente no da tregua. No viste pantalones cortos ni lleva guantes de doce onzas; se esconde en las esquinas de San Miguelito, Colón o la propia capital, y bota una pegada que tiene al ciudadano de a pie con miedo.
La inseguridad en el istmo ya no es un retador de poco monta; se ha convertido en el campeón invicto del miedo, y nos está ganando por decisión unánime ante la mirada impotente de un público que ya no sabe hacia dónde correr para esquivar los golpes.
El combate se ha vuelto desigual y el hampa se mueve con las piernas frescas de un peso pluma, mientras que la gente honesta recibe el castigo.
Ya no se trata de un simple “intercambio de metralla” entre bandas rivales en zonas rojas, como a veces se quiere maquillar desde la esquina oficial; hoy el golpe llega limpio al mentón de cualquiera: el transportista, el estudiante que espera el metrobús o el comerciante que ve su negocio saqueado.
El “clinch” de la impunidad mantiene amarrada a la justicia, dejando a la población desprotegida ante los golpes bajos de una delincuencia que no respeta reglas ni réferis.
Desde el gimnasio estatal prometen planes de entrenamiento con “mano firme” y operativos relámpago, pero a la hora de la verdad, la estrategia falla y las autoridades parecen tirar golpes al aire.