Fuertes combinaciones al estómago
- 16/06/2026 00:00
¡Suena la campana y el consumidor panameño ya está contra las cuerdas! En este ring económico, el salario mínimo, un flaquito peso pluma, tiene que enfrentarse a una canasta básica que sube al cuadrilátero con la fuerza de un peso pesado.
Ya no se puede ni fintar: ir al supermercado por arroz, porotos y un pedazo de carne se ha vuelto un combate peligroso donde el cliente siempre termina besando la lona.
El castigo no da tregua. Los vegetales tiran jabs constantes al presupuesto y el aceite mete un uppercut fulminante que te deja sin aire antes de la quincena.
“Pablo Pueblo” intenta defenderse eliminando gustos, pero la inflación rompe cualquier guardia. Mientras tanto, los árbitros de la promotora que manda en el patio parecen mirar para el techo, dejando que los precios castiguen libremente al pueblo.
Al final del mes, las familias bajan del ring con las billeteras noqueadas y el rostro hinchado de preocupación. No se puede ganar una pelea cuando la comida sube de categoría todas las semanas y el sueldo no reacciona. Si no se frena este festival de golpes, el panameño terminará perdiendo por KO técnico frente al hambre.
Comer se volvió un deporte de alto riesgo.