Estamos mareados por tanto castigo
- 16/04/2026 00:00
Suena la campana y Pablo Pueblo se encuentra en el centro del cuadrilátero, tratando de esquivar una combinación letal; lo tienen mareado. El rival, una inseguridad que no respeta pesajes ni categorías, ha pasado de los jabs de la delincuencia común a un “upper” devastador del crimen organizado.
Con las estadísticas de homicidios moviendo la aguja hacia arriba en este inicio de 2026, la ciudadanía se siente como un boxeador que ha recibido demasiado castigo: con las piernas temblorosas y buscando desesperadamente un “clinch” para tomar aire ante la ola de violencia que sacude los barrios.
La esquina del Gobierno intenta responder lanzando golpes directos a través de operativos que logran incautar armas y droga, pero el rival es técnico y sabe contragolpear.
Aunque se ven victorias en las tarjetas con la desarticulación de bandas de robo de autos, el “nocaut” a la percepción de inseguridad no llega. Mientras los operativos se concentran en el músculo del narcotráfico, los hurtos y robos a pie de calle siguen entrando como golpes bajos que desgastan la confianza de un pueblo que ya no quiere ver la pelea desde la lona.
El problema es que estamos peleando con una guardia demasiado baja en los sectores vulnerables.